Retomemos los aspectos básicos de la nota anterior:
Los límites siempre deben ser previamente consensuados por los padres, es decir, que tanto uno como el otro deben emitir el mismo mensaje siempre.
Acompañar nuestro discurso oral con lenguaje gestual apropiado, ya que una sonrisa podría confundir el mensaje emitido.
Hablar con firmeza, y nunca elevar la voz en forma de grito.
Si aparece un berrinche recurrir a algún tipo de distractor.
Es muy importante que los chicos puedan evaluar hasta qué punto pueden llegar. Ellos siempre pondrán a prueba a los adultos para comprobar hasta dónde se puede llegar.
El no poder poner límites o normas claras a los hijos puede ser muy perjudicial en su educación. Muchas veces por temor, o culpa, los padres relacionan la puesta de límites con autoritarismo, o también sienten que pueden ser catalogados como demasiado estrictos en la educación de los hijos.
En realidad esta puesta en común de los padres acerca de las normas y costumbres promueve que esta familia vaya incorporado el concepto de que no es más que una muestra de amor y cariño, ya que conlleva un significado de cuidado y protección.
A muchos de ustedes les cuesta muchísimo decir NO y permanecer firmes frente a una situación no esperada, pero entiendan que ésta es la base fundamental para que los hijos vayan incorporando la normativa que se espera de ellos y que se construye y reconstruye día a día.
Toda puesta de límite debe ser transmitida en el momento, nunca después de un tiempo, porque pierde efectividad.
Los límites deben ser claros, precisos y entendibles para los niños. Es importante que ellos puedan discernir que no se trata de un capricho de los padres, sino que son normas para ser respetadas porque tienen un sentido particular dentro de ese grupo familiar.
¿Qué sucede si los niños no quieren respetar las normas?
En este caso, hay que ensayar todas las instancias posibles que incluyan el diálogo, hacerles un recordatorio de lo que se espera de ellos, y ejemplificar sobre lo que no se quiere.
También es fundamental aclararles que son normas que deben ser respetadas porque fueron elaboradas para su bienestar actual y futuro y no porque solo las dicen los adultos sin ningún fundamento.
Si a pesar de todo esto el niño insiste con no cumplir la norma, dependerá también de la edad, pero habrá que aplicar un castigo.
Cuando hablo de castigos me refiero a situaciones que lo lleven a reflexionar sobre su accionar. Yo los llamo castigos reparadores.
Para eso es bueno tener alejados elementos distractores como ser TV, tabletas o celulares.
Podrían, por ejemplo, dibujar o escribir por qué no quiere cumplir con esa regla, podrían ayudar a sus padres en alguna tarea de reparación, por ejemplo si ha roto algo de manera intencional, podría ocuparse de ir con sus padres a elegir el reemplazo. De paso es un buen comienzo para que se inicien en el reconocimiento del valor monetario que tienen las cosas, y cuánto tiempo nos lleva ahorrar para poder obtener algo que deseamos.
Por último, nunca recurrir a castigos que nos son constructivos, no recurrir a tirones de pelo, orejas, zamarreos. Siempre hablar, enseñar, mostrar qué es lo mejor para ellos, porque de eso se trata, de demostrarles nuestro afecto día a día.
Lic. Valeria Alba Posse
Psicopedagoga
Especialista en Dificultades de aprendizaje
MP 1504
15-6498-4425
Fuente imagen: embarazaoymas.net

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