No existe una definición específica del término. Es más bien un concepto que habla principalmente sobre la alimentación autorregulada por el bebé. Si vamos a lo literal del concepto, la traducción del inglés sería “destete dirigido por el bebé”, pero no se refiere al abandono de la lactancia, si no a la incorporación de alimentos distintos a la leche materna.
El nombre se lo designó la conocida enfermera, partera y puericultora Gill Rapley, y se volvió popular con el lanzamiento de su libro “Baby Led Weaning” allá por el año 2008. Entonces, ¿Es nuevo, una tendencia del siglo XXI? ¿Es dar alimentos en forma de bastones?
La respuesta es tan corta como contundente: no.
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Rapley nombró (y revivió) a la forma más primitiva y natural que tenemos los humanos de alimentarnos.
Lo que hoy todos sabemos es que se refiere al inicio de la alimentación complementaria abriendo lugar al rol activo del bebé, que se autoalimentará, decidiendo los qué y los cuánto, de acuerdo a lo ofrecido por sus ma/padres y/o cuidadores. Así, se promueve una alimentación guiada por su mecanismo innato de hambre-saciedad.
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Muchos afirman que el BLW va en contra de la forma en que “siempre comieron los bebes”, refiriéndose a las papillas.
¿Siempre existieron las
multiprocesadoras y minipimmers? ¿Siempre existieron los cereales
dextrinizados, listos para reconstituir?
Remontémonos a la historia: la primera batidora de mano salió a la venta en Inglaterra a inicios del Siglo XX, llegando al resto del mundo cerca del 1940.
¿Hace cuántos años el ser
humano habita el planeta? ¿Cómo hacían las madres, entonces, para
darle a sus bebés esas papillas? SIMPLE: No lo hacían, porque no
les ofrecían papillas. Antes del siglo XX no existían ni las
multiprocesadoras ni la tecnología para dextrinizar
cereales.
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Desde siempre los bebés lactantes gozaron de
la condición de autorregulación, y la posibilidad de gestionar
sólidos adaptados a su edad y desarrollo. Cuando el bebé estaba
listo para iniciarse en la alimentación, comía lo mismo que su
madre, adaptado en textura y tamaños. Se ablandaban con medios de
cocción seleccionados, se cortaba en tamaños aptos, o a lo sumo,
cuando quería ofrecerse puré (como una opción más) se lo pisaba
con puré. Y si nos remontamos aún más allá, muchos alimentos eran
previamente masticados de forma parcial por las madres y luego
ofrecidos a los bebés.
Entonces, las papillas no surgieron desde la necesidad del bebé, surgieron cuando la recomendación de los inicios de la AC era a los 4 meses de edad, entendiendo que a esa edad no están capacitados para gestionar sólidos. Por ésto los alimentos debían ser lo más similares a la leche materna/de fórmula en cuanto a consistencia.
Luego pasó a ser una estrategia fácil y rápida de prepararle o dejarle listo el alimento al bebé, cuando las mujeres comenzaron a incorporarse a la actividad laboral y ya no estaban tanto tiempo en las casas.
Después se volvió costumbre. La industria avanzó, produciendo más variedad de papillas/purés/cereales procesados y suplementados. Luego se naturalizó su consumo y no se cuestionó, hasta estos últimos años, por suerte, en los que volvió a hacerse popular gracias a Gill Rapley y también gracias al reconocido pediatra Carlos Gonzalez. Esto sumado a la modificación en la recomendación del año 2001 por parte de la Organización Mundial de la Salud de iniciar la alimentación complementaria a los 6 meses ya que la evidencia demostró que la leche materna o de fórmula cumplen con los requerimientos nutricionales de forma exclusiva hasta ese momento, dio el puntapié para modificar la recomendación del momento apto para la introducción de sólidos desde los inicios de la AC.
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Entonces, sabemos que los bebés ancestralmente (y hace no tantos años atrás también) se alimentaron con los mismos alimentos que sus padres, modificando tamaño y consistencia de acuerdo a las capacidades de gestión del bebé. BLW no es dar en trozos, es ofrecer alimentos de calidad y densidad nutricional, adaptados, incluyendo variedad de texturas, formas, consistencias (purés con textura también claro), sabores, olores y temperaturas. Esta etapa de AC es mucho más que comer, es promover que APRENDAN a comer, el desarrollo de la musculatura orofacial, la motricidad fina, la coordinación ojo-mano-boca, y construir una relación saludable con la comida.
Lic. Josefina Danussi
Licenciada en Nutrición
@danutri.ok
1135940698
josefinadanussi@gmail.com

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