Adolescencia e identidad (2da.parte)

Decíamos que las decisiones re actualizan identificaciones colectivas. Así el niño que manifestaba en la infancia interés por su padre, quiere ser como el y hace de este su ideal. Esta conducta es estrictamente masculina y se concilia con el complejo de Edipo. Hoy: Adolescencia e identidad (2da.parte).

Simultamente a la identificación con el padre, los fantasmas de la primera infancia son los que se ponen en juego en la pubertad. Deberíamos diferenciar la pubertad masculina de la femenina.

La neurosis infantil es una elección del deseo y nos remite al uso del fantasma, que se decidirá en el apres coup de la prueba de verificación, que no es la pubertad como maduración biológica ,sino como puerta abierta a una nueva definición de goce. En donde cada sujeto se interrogara por el ser en cuanto a su existencia y por su ser sexuado, habiendo operado la metáfora paterna.

Juicio de existencia propio del significante que afirma o forcluye, condicionando el surgimiento o no de la significación fálica, que constituirá un operador en la estructura.

Con relación al varón se habla de síntoma obsesivo, contrariamente a la joven que responde al modelo histérico, lo cual tendría un efecto en relación con el rechazo por la sexualidad.

¿Qué quiero decir con síntoma obsesivo?. los varones se caracterizan por el sadismo, la agresividad y otros rasgos de la identificación, son solo su consecuencia. La división ternura-goce sexual, esta representada como el síntoma obsesivo.

Con relación a la triangularidad edípica culturalmente el amor por la madre y en relación con la función paterna que hace de la madre objeto de goce, esta es la tachadura que opera la metáfora paterna.

Como diría Claudel hay una discordancia neta entre lo que es percibido por el sujeto a nivel de lo Real y la función simbólica. Hasta ahí lo que Freud coceptualiza en el Edipo. Más allá del Edipo. Lacán hablaba de estructura cuaternaria.

Se refiere al estadio del espejo en una primera etapa de la vida del infante. Donde el sujeto se ve primero en un otro más terminado, mas perfecto que él. Así el sujeto se anticipa a su propia realización.

Más sobre: Adolescencia e identidad (2da.parte).

Así vemos en la neurosis esa relación narcisista, relación fundamental en todo el desarrollo imaginario del ser humano. Lo constitutivo para el sujeto es esa forma extraña a el mismo en su interior que se llama yo.  Existiendo como elemento constitutivo de la condición humana a través de lo cual su vida se integra en la dialéctica y se manifiesta en las relaciones imaginarias, simbólicas y sociales. La tensión entre el yo y el yo ideal del yo se resuelve en una derrota que aparece como derrumbe narcisista.

El personaje del padre si por alguna circunstancia de la vida real se presenta desdoblado en dos dimensiones, pacificante o arbitrario, si la castración es renegada y no quiere saber nada de la falta. O si el sujeto escapa de lo arbitrario del padre, cae en la dimensión del deseo o capricho materno.

En el caso de la neurosis obsesiva se corresponde con la figura de un padre gozador de los otros.(Rasgo de la neurosis obsesiva). Es el análisis de la duda determinante de la estructura.

El obsesivo duda entre dos seres, se fija un doble objeto y allí es donde muere su deseo, ya que vacila entre una y otra.
Con relación a las jóvenes la pubertad responde al modelo histérico, rechazo y desagrado hacia la sexualidad, como consecuencia de la angustia. La pubertad marca el momento de una elección por o contra la identificación femenina.
Los amores que aparecen en la pubertad son reveladores del impasse en la relación sexual: las idealizaciones del objeto y los enamoramientos manifiestan el impasse de la relación sexual. Esto quiere decir que la mujer es pasiva ante la figura del padre y sus subrogados. Si bien una total pasividad, una negación a la relación con el significante fálico y el goce que este abre, no definen la femineidad. El problema de la histeria es la caducidad de demanda al padre o sucedáneo. La demanda insiste acerca de su posición de mujer, vive pendiente del enigma de la femineidad.

Retomaré la cuestión del parentesco y sus mutaciones, ¿Deberíamos quitar el polvo a las tradicionales preguntas sobre que es tener pareja? . ¿Engendrar, ser padre, ser madre, ser hombre, ser mujer?

Cada ser con su singularidad es único, ya que no se rige a los moldes de la tutela o patrocinio paterno.

Cada uno se aferra a la vida, cada uno construirá su sexuación con sus marcas de amores, deseo y goce, acontecimientos que han forjado su cuerpo singular y que contradicen a los ideales.

Retomando a Mauricio Tarrab «superando la locura de una determinación escrita en las estrellas, en los genes o en el Edipo, forma esta última de una religiosidad psicoanalítica insostenible». A ese más allá Lacán lo llamó sexuación.

Lacan habló de acontecimiento del cuerpo. El cuerpo sexuado queda separado del cuerpo-organismo y se ira construyendo libidinalmente. Cada uno con su sintoma dará respuuesta a lo Real, dejando por fuera la perspectiva de lo universal.


Derechos de autor: Lic. Graciela Moresi

M.P.13916

Psicoanalista

gmoresi75@gmail.com

Cel: 1167070344

Fuente imagen: https://laadolescencia.com/

Somos Infancia

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida. Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan. info@somosinfancia.com.ar Ig: @revista.somosinfancia

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *