Pañales: expectativas y verdades en torno al gran hito del desarrollo infantil

¿Por qué tenemos tanto apuro siempre en todo? En la crianza pasa lo mismo. Y muchas veces las ansiedades en torno al desarrollo juegan en contra. Apenas nace el bebé ya queremos que sepa hacer todo, que aprenda rápido y bien. Queremos que succione vigorosamente, que tome la teta como un experto, que no se canse, que engorde un montón, que duerma a la noche, que se adapte a la cuna y no tanto a los brazos, que no llore en el huevito ni siquiera la primera vez que lo ponemos.
Por eso, algunas de las consultas más frecuentes en torno al desarrollo infantil son: “Cuándo va a dormir toda la noche de corrido?”, “Cuándo se sienta, cuándo gatea, cuando camina?”, “Cuándo va a dejar de pedir brazos todo el tiempo?” “Cuándo va a hablar?”.
Disfrutar de cada etapa y cada paso se logra cuando tenemos la tranquilidad de saber cómo es la normal evolución y adquirimos la paciencia para acompañar los tiempos normales de cada uno. Así, vamos a poder acompañar con respeto y amor el desarrollo de nuestro hijo, sin comparaciones ni expectativas irreales.
Ellos saben cómo desarrollarse, no necesitamos enseñarles, forzarlos, ni acostumbrarlos. Solo tenemos que tener la capacidad de saber transitar con paciencia y sin prisas el camino juntos.
El gran tema del control de esfínteres no escapa a las ansiedades en la crianza. Es uno de los grandes hitos del desarrollo infantil.
“Cuando se sacan los pañales?” Es una pregunta incorrecta. Primero porque como todo en el niño, es un PROCESO EVOLUTIVO, no hay un “cuándo”. Sí una generalidad (entre los 2 y 3 años), pero cada niño es distinto y madura a su propio ritmo. Y segundo porque no se sacan los pañales, así como no se obliga a caminar cuando tiene 3 meses ni se espera que hable. También tenemos que entender que controlar esfínteres e “ir al baño” como los adultos, se logra luego de MADURAR varios aspectos. Necesita maduración neurológica, motora, psicológica y emocional. Lleva su tiempo. Y es lógico que así sea. Pero llega. Todo llega. Ningún niño sano usa pañales toda su vida. Haciendo oídos sordos a opiniones que solo ejercen presiones culturales y sociales de que los niños tienen que adquirir “independencia” tempranamente, ellos dejan los pañales cuando están listos para eso.
Cuáles son los indicios que mi hijo está entrando en la etapa de querer dejar los pañales? Esa es la pregunta correcta para informarnos y comprender su proceso para poder acompañarlo, respetarlo y disfrutar juntos de una nueva etapa.
Primero hay que saber que se logra el control de día antes que el nocturno. El de noche lleva más tiempo, y el control de pis se logra antes que el de caca. Por lo general, este largo proceso comienza cuando empiezan a tomar conciencia que se hicieron. Son capaces de verbalizar y decir o hacer gestos señalando que ya hizo, incluso le empieza a molestar el pañal sucio. Pero el hecho de tomar conciencia de la sensación no significa que esté listos para dejar los pañales. Es recién el comienzo del camino.
Luego, más adelante, nota que se está haciendo. Y también puede ser que nos lo cuente. Seguimos en el camino, aún no es el momento de dejar los pañales sino de estar conociendo las nuevas sensaciones del cuerpo. Para acompañar este momento es aconsejable poner en palabras lo que ocurre, explicar, hablarlo, jugar con vasitos y trasvasar agua, jugar con arena, masilla, todo ayuda a entender lo que sienten y viven en su propio cuerpo.
La última etapa en el control de esfínteres consiste en identificar la sensación de urgencia o ganas de hacer para finalmente poder retener hasta el baño. Como vemos, se va dando cuenta solito cada vez antes del hecho. Primero siente estar mojado porque ya se hizo, luego identifica que está haciendo, y más tarde la anticipación de ganas de hacer. No es raro que a veces no puedan contener aunque ya lo hayan logrado. Esto se vive muchas veces como “retrocesos”, que en verdad no lo son, sino más bien forma parte del mismo proceso.
Lo importante es tener una actitud tranquila y sin enojos ante un “accidente” cuando el niño no se aguante o avise tarde. Recordar que todo es parte de la maduración normal y saber identificar las distintas etapas es lo que nos va a dar calma ante esas situaciones.
Además, muchas veces se superponen eventos como la llegada de un hermano, una mudanza, algún conflicto en casa, cambio de jardín, que puede interferir de alguna manera y hacer que el niño requiera más tiempo, incluso que necesite nuevamente el pañal. Es normal. Lo cierto es que el niño dejará sus pañales definitivamente cuando esté listo.
También es aconsejable seguir las necesidades del niño. Si quiere utilizar pelela elegirla juntos o si quiere ir al baño como los adultos, acondicionarlo ponerlo cómodo, utilizar un adaptador, un banquito, tener un libro que le guste, lo que necesite para darle más confort y calidez al proceso.
Como todo requiere paciencia, respeto para acompañarlo, y sobretodo entender que el niño logrará controlar esfínteres y dejar los pañales a su tiempo. Cuando haya madurado. Incluso puede llevar meses finalizar todas las etapas.
El inicio del control de esfínteres se da en el contexto del desarrollo psicológico coincidente con la sensación de querer tener el control de todo. Esto es normal y positivo. Es la etapa del “no”, “mío” y “yo solo”. Por eso facilitarle un ambiente cómodo en el baño, dejarlo que pueda sentarse solito o ponerle ropa fácil de sacar para que pueda bajársela solo también ayuda a transitar mejor esta etapa. Les da el control y permite el autoconocimiento.
Los jardines no pueden exigirle a los niños que dejen de usar pañal cuando aún no están listos para hacerlo. Perjudicar la normal evolución por un apuro social o institucional no tiene ninguna justificación. Se vio que generar apuros o experiencias negativas forzándolos sin estar listos, les causa conflictos internos emocionales incluso serio rechazo a dejar los pañales, que puede llegar a interferir con la normal maduración del proceso. Incluso puede provocar trastornos como constipación, enuresis o encopresis.
Nunca hay que forzar a ningún niño a hacer algo para lo que no está preparado. No hay que apurarlo ni presionarlo. Tampoco realizar comparaciones, cada uno tiene su ritmo. El conocimiento da tranquilidad, y sabiendo que es normal que lleve tiempo, que tenga avances y retrocesos, y que no hay una edad rígida para lograrlo, nos da las herramientas para acompañar con respeto este gran hito del desarrollo.
Dra. Viviana Cecilia Salomone

Médica Pediatra

MN 150162 MP 232846IG

@pediatra_mama

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