Cuando las metas no se cumplen: ¿cómo cerrar el año sin castigarse y empezar el próximo con estrategia real? Llega diciembre y con él los famosos “balances de fin de año”, ojo que no soy de las que piensan que hacerlo está mal, por el contrario. Es una forma de reflexión y autoconocimiento, pero hay que ser consciente desde que lugar se hace.
Diciembre tiene una habilidad particular: prende todas las luces del escenario interno. Nos muestra lo que hicimos pero también lo que postergamos. Y ahí aparece la famosa pregunta que a muchos les incomoda ¿Por qué no llegue a las metas que me propuse cuando comencé el año? .
La respuesta no es simple, pero tampoco es un veredicto. Es verdad, y no está mal, que cuando arranca un año nuevo uno se plantea metas, pero no llegar a una no define tu valor, tu disciplina ni tu capacidad. A veces pasan cosas imprevistas que nos obligan a cambiar el rumbo o incluso, nosotros mismos podemos decidir cambiar ese rumbo. No llegar a una meta habla de algo más humano: que estas vivo, atravesando imprevistos, aprendiendo, cambiando, ajustando y creciendo en medio del caos que muchas veces trae la rutina.
Hoy estoy acá para decirte que no llegar no es fallar. Es información. Cuando una meta no se cumple, lo primero que solemos activar es el látigo. Pero no es momento de castigarte, sino de leer la información que trae, reflexionar sobre por qué no se llegó. A veces la meta era irreal en tiempo o forma. Otras veces no tenías las herramientas suficientes para alcanzarla. A veces estabas sosteniendo cosas de la vida que te consumieron la energía emocional. Y a veces simplemente no era el momento, y eso no quiere decir que nunca más vas a poder alcanzarla. Todo ello no te hace tener menos disciplina o ser un fracaso, simplemente te hace humano y consciente.
Este último mes del año tiene esa mezcla de nostalgia, cansancio acumulado y presión social por “cerrar perfecto el año”. Es esperable que las emociones suban el volumen, pero tenes que saber que si no llegaste a lo que esperabas, no tenes porque castigarte. Muchas veces pasa que cuando uno toma consciencia que no logro eso que se propuso, es la propia mente la que lo traiciona: empieza a compararse, como si el resto estuviera cumpliendo y alcanzando todas las metas de su lista.
Spoiler: casi nadie lo está.
Te hago algunas preguntas… ¿Esperabas llegar a diciembre más flaca? ¿Pensabas que en esta época ibas a tener más dinero? ¿Soñabas con tener más musculo? ¿Deseabas encontrar la pareja perfecta? ¿Creías que ibas a terminar el año siendo más productivo? Bueno… si llego diciembre y eso no sucedió te cuento algo: el año que viene podes seguir trabajando en ello. Cerrar el año debería ser un acto de honestidad y ternura, no una maratón para llegar en perfectas condiciones. Tiene que ser un momento de reconocer lo transitado, abrazar lo que te costó, agradecer lo que sí pudiste sostener, reflexionar sobre los aprendizajes que tuviste y ser compasivo para seguir intentando lo que deseas. El verdadero cierre se hace sin violencia interna. Si dolió, se registra. Y si costó, se valora. Si no llegó, se reencuentra.
No llegaste ¿ Y ahora qué?
Ahora sigue la parte más importante: seguir intentando. Diciembre no es el final, es un mes más para seguir trabajando en vos, buscando estar en el lugar que te hace bien. Y el 1º de enero del año próximo también comienza una nueva oportunidad. Te invito a soltar. Este último tramo es una oportunidad para soltar todo aquello que no te hace bien y no te suma. Soltar la presión de llegar y las expectativas (sobre todo ajenas). Recorda que podes empezar de nuevo las veces que sean necesarias, aun siendo fin de año.
Y si realmente lograste todas tus metas, o la gran mayoría, celebrate. Festeja porque te mereces por todo el esfuerzo y el sacrificio. Nadie más que vos sabe lo que costo transitar tu año. No esperes que otro te lo reconozca, ¡hacelo vos!
7 Tips de un buen balance para fin de año
- Hacelo con honestidad, no con juicio: sentate y revisa tu año como si estuvieras hablando con una amiga que queres mucho: sin excusas, pero sin látigo.
- Separa hechos de interpretaciones: el balance se arruina cuando mezclamos ambos. Quédate con los hechos, ahí está la información real.
- Busca los micrologros: no solo cuentes lo “grande”, a veces los pequeños logros hacen la diferencia. No los pases por alto.
- Identifica lo que te sumo y que te dreno: registra las cosas que sentís que sumaron y que queres seguir repitiendo, se consciente de lo que te hizo bien.
- Registra tus aprendizajes emocionales: de todo lo que nos sucede siempre hay algo para aprender.
- Cerra un ciclo aunque sea simbólicamente: escribí una carta, quema una lista de cosas que soltas, guarda en una cajita lo que queres dejar atrás o simplemente agradece.
- Elegí solo 2 o 3 intenciones para el próximo año: no escribas 25 metas imposibles, se realista a la hora de plantearte nuevos objetivos. Menos metas y más dirección.
Carla Durante
Psicóloga TCC y del Deporte
Psicóloga TCC y del Deporte.
@cdurante.psicologa

