Durante un ataque de pánico la amígdala ha tomado el rol del conductor y vos sos su pasajero.
Pero, ¿qué sabemos sobre ella?
Es una estructura clave en el cerebro situada en el sistema límbico. Es la fuente de muchas de nuestras reacciones emocionales, tanto positivas como negativas. Cuando alguien invade tu espacio personal, es la amígdala la que produce la rabia que sentís. Por otro lado, cuando conoces a alguien que se parece a tu abuela y experimentas cariño hacia esa persona, también es la amígdala accediendo a un grato recuerdo.
La amígdala recibe los mensajes entrantes de tus sentidos y esta lista para responder ante cualquier peligro. Como un sistema de alarma incorporado, su trabajo es identificar cualquier amenaza, si detecta peligro potencial, dispara la respuesta del miedo, una alarma en el cuerpo qué nos protege preparándonos para luchar, huir o congelación.
Cuando experimentas estas respuestas, la amígdala esta en el asiento del conductor y vos sos el pasajero. Por lo tanto es literalmente cierto que no podes pensar cuando toma el control, los procesos de pensamiento de la corteza son reemplazados y están bajo su influencia. Claramente,la capacidad de la amígdala para anular la corteza puede salvarte la vida. Muchas personas se han salvado en el autopista por una reacción rápida que surgió de su amígdala.
Los ataques de pánico, una dificultad común, que enfrentan muchas personas con trastornos de ansiedad (aunque pueden surgir en otras circunstancias), también tiene sus raíces en la activación del núcleo central de la amígdala.
Básicamente un ataque de pánico es que tu cuerpo se lanza a la respuesta de lucha, huida o congelación en una situación inapropiada,en general, ante un desencadenante que no representa un peligro real,ni pone en juego tu supervivencia.
Si bien el ataque de pánico es una reacción desreglada de la amígdala, es bueno recordar que el cerebro de todos está programado para que la amígdala tome el control en momentos de peligro y que el pensamiento lógico tiene poca influencia.
Si te encontrás sufriendo un ataque de pánico existen tres estrategias basada en la amígdala para afrontarlo:
Respiración lenta
Disminuye la activación de la amígdala y aplaca los síntomas de mareos y hormigueos consecuencias de la respiración rápida, propia del ataque
Relajación muscular
La amígdala responde a la tensión muscular y los músculos tensos parecen aumentar la activación. Aprender y practicar regularmente técnicas de relajación muscular te ayudará a acortar los ataques de pánico y hacerlos menos probables.
Movimiento
Te ánimo a caminar, saltar, o hacer ejercicio físico durante el ataque de pánico. Esto quemará el exceso de adrenalina qué hay en tu sistema y ayuda a acortar el ataque.
Para terminar, recomiendo que puedas buscar ayuda profesional especializada ( en lo posible interdisciplinaria), cuyo tratamiento se enfoque en:
Reducir la actividad fisiológica.
Eliminar comportamientos evitativos.
Modificar (interpretaciones subjetivas que perpetúen un estado de preocupación y aprensión.
Verónica González


Instructora Mindfulness Profesional.
Diplomada en Psicoterapia Integral.
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