En una mesa de debate de Redes de Bienestar, la abogada especialista en adopción Mariana Macía y la psicóloga Karina Pugliese, reflexionaron sobre los mitos que rodean la adopción de adolescentes. Lejos de las ideas instaladas, plantearon que la verdadera pregunta no es quiénes son esos jóvenes, sino qué recursos necesitan los adultos para acompañarlos.
Cuando se habla de adopción, la imagen que suele aparecer es la de un bebé. Sin embargo, la realidad del sistema es muy diferente: la mayoría de los niños y adolescentes que esperan una familia ya transitan la segunda infancia o la adolescencia. Allí aparece una de las mayores distancias entre el deseo de quienes quieren adoptar y las necesidades reales de quienes esperan ser elegidos.
«Todos los niños tienen derecho a crecer en una familia», coincidieron las especialistas. Pero también señalaron que es necesario poner el foco donde más hace falta: en aquellos adolescentes que permanecen durante años en hogares convivenciales esperando una oportunidad.
Derribar mitos
Uno de los prejuicios más frecuentes es creer que adoptar un bebé implica comenzar «desde cero». Sin embargo, Mariana Macía explicó que ningún niño llega sin historia.
«Tanto un bebé como un adolescente tienen una historia previa. La diferencia es que el adolescente tiene más recuerdos, más experiencias y más memoria de lo vivido.»
La psicóloga Karina Pugliese agregó que muchos adolescentes llegan con marcas profundas: situaciones de abandono, violencia, abuso o consumo en sus familias de origen. Pero aclaró que esas experiencias no determinan su futuro.
«El objetivo no es borrar el pasado, sino ofrecer un futuro diferente.»
La adopción también transforma a los adultos
Las especialistas coincidieron en que adoptar un adolescente implica construir una forma distinta de ejercer la maternidad o la paternidad.
No se trata de criar desde el inicio, sino de acompañar un proyecto de vida que ya comenzó.
Incluso aspectos que podrían parecer menores, como que un adolescente decida conservar su apellido de origen, forman parte de ese recorrido y requieren adultos capaces de comprender que la identidad no compite con el amor.
«Que un hijo conserve su apellido no lo hace menos hijo», explicó Macía.
El miedo al rechazo
Otro de los puntos centrales de la charla fue comprender algunas conductas que suelen generar temor en las familias.
Según explicó Pugliese, muchos adolescentes ponen a prueba a los adultos porque necesitan comprobar si esta vez alguien permanecerá a su lado incluso cuando aparezcan los conflictos.
«No buscan que los rechacen. Necesitan saber si van a seguir siendo elegidos cuando las cosas no salen bien.»
Por eso remarcaron que las conductas difíciles muchas veces hablan más del miedo al abandono que de un problema de comportamiento.
La importancia de prepararse
Las profesionales insistieron en que la adopción nunca debería ser una decisión improvisada ni un «plan B».
No todas las personas cuentan con los recursos emocionales para transitar ese camino y reconocerlo también es una forma de cuidar a los niños y adolescentes.
«Si alguien siente que no puede sostener ese proceso, también es válido reconocerlo. Lo importante es no exponer a un chico a una nueva pérdida.»
En este sentido, destacaron la importancia de la preparación previa, el acompañamiento profesional y el trabajo que realizan los equipos técnicos durante todo el proceso.
Cuando una adopción no continúa
Uno de los momentos más conmovedores de la conversación fue cuando abordaron los llamados procesos excluyentes, situaciones en las que una vinculación adoptiva se interrumpe.
Cada ruptura vuelve a confirmar en muchos adolescentes la idea de que no fueron suficientes para ser elegidos.
«Todos queremos que alguien nos cuide, nos sostenga y nos espere», resumió Karina Publiés.
Por eso insistieron en que el acompañamiento no termina con una resolución judicial: comienza mucho antes y continúa durante toda la construcción del vínculo.
Un lugar al que volver
Más allá de los aspectos legales, psicológicos y sociales, ambas profesionales coincidieron en una idea que atravesó toda la conversación: ningún adolescente deja de necesitar una familia por cumplir años.
El deseo de ser cuidado, de sentirse esperado y de tener un lugar seguro al que volver no desaparece con la mayoría de edad.
Quizás por eso la frase que mejor resumió el encuentro fue también la más sencilla:
«Todos necesitamos que alguien nos cuide. Todos necesitamos un lugar donde volver.»
Karina Pugliese - Psicóloga- escritora- IG: lic.karipugliese
Mariana Macía - Abogada | Adopción y Familia - Ig: mamaporadopcionyabogada
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