Como música y musicoterapeuta que soy, decidí dividir mi historia como forma musical.
Introducción
Llegué al mundo en 1958, con salud y energía. Se produjo un cambio cuando a los siete meses de edad contraje la poliomielitis.
A partir de ese momento, mi vida transcurrió entre médicos, internaciones, cirugías, y rehabilitación. Todo eso acontecía mientras vivía mi infancia con altibajos pero con mucha personalidad y hambre de aprendizaje.
Desarrollo
Mi adolescencia fue ocurriendo entre risas, alegría, lágrimas, decepciones, estudio, amigos, frustraciones y otros problemas de salud. No encajaba muchas veces. MI autoestima fue seriamente herida más que por opiniones ajenas, por las mías propias. Me había colocado en una posición de víctima y no lograba aceptarme tal como era sin darme lástima.
Luego vinieron la juventud y la adultez en las cuales seguían las inseguridades, sobre todo en la parte emocional y romántica. Con muchos intentos fallidos de encontrar el amor y a la vez en la búsqueda de mi rol en el mundo, una profesión.
Contraste
A los treinta y tres años formé una familia. Este tiempo trajo más desafíos pero, muchas satisfacciones también. Al fin sentía que mi vida tenía un significado más pleno. También pasé por la separación, lo cual me volvió a desvalorizar pero, a la vez me ayudó a repensarme, a descubrirme y a sanar viejas heridas reconstruyendo mi autoestima.
Tuve la oportunidad de formarme en varios saberes, me atraían las artes, como la música (desde niña) y los temas de salud, por experiencias propias y ajenas. Sobre todo con una visión más completa del ser humano. Pude estudiar una carrera que había querido siempre y esta vez se dio la oportunidad: la musicoterapia.
Variación
Cuando me recibí, sentí una gran satisfacción y ya empezaba a gestar mi objetivo y propósito en lo profesional, que iba más allá de logros económicos o académicos, quería dejar un legado. En medio de eso fue que apareció mi diagnóstico de cáncer.
Ello trajo como consecuencia otra serie de dificultades, dolores, incertidumbre, búsqueda y la única meta a alcanzar fue la de sanar. No tan solo curarme de la enfermedad sino interpretar a qué había venido, qué tenía que aprender. Y la gran enseñanza fue que encontré por fin, mi valor, mi autoestima, el amor genuino de los que me rodean, conocimiento sobre el gran poder sanador que poseemos y el aprecio por cada minuto que paso en la tierra. Mi conexión con la naturaleza, mi reflexión diaria acerca de respirar, comer, tomar sol, moverme y hacer todo con conciencia, con presencia.
Pude estar abocada a dar lo mejor de mi. Mi mejor versión. Soñando con lograr mi propósito, sintiendo la necesidad de transmitir todo mi aprendizaje a quienes lo valoren y lo necesiten. Estoy en pleno proceso.
Final
El final no está escrito, solo Dios lo escribirá. Puede tardar años, como poco tiempo. Lo importante es vivir el HOY sin dejarnos etiquetar de ninguna forma, porque somos mucho más que lo que nos pasa. Somos chispas divinas.
Por: Graciela Sutta
Musicoterapeuta
Musicoterapeuta

