Entrevista realizada en el programa radial “Redes de Bienestar”.
Hablar de sexualidad es hablar de todo lo que somos. Para la Lic. Karina Spinelli, especialista en trauma y con múltiples formaciones en el abordaje integral del ser humano, no se trata solo del acto sexual sino de un entramado de emociones, contextos, percepciones y aprendizajes que nos atraviesan.
«El ser humano es un todo. No podemos entender la sexualidad sin considerar la historia, el contexto, la química del cuerpo, las emociones y la mente», sostiene.
Sexualidad no es solo sexo
Uno de los primeros conceptos que aclara Spinelli es la diferencia entre sexualidad y sexo. La sexualidad incluye la forma en que nos miramos, hablamos, tocamos, nos educamos y conectamos. El sexo, en cambio, es la actividad sexual en sí. «Podemos vivir una sexualidad rica y plena mucho antes de llegar a un encuentro físico», explica.
La profesional subraya que esta mirada integral también implica entender que la sexualidad cambia a lo largo de la vida. «No es la misma a los 20, a los 40 o a los 60 años. Cambia el cuerpo, cambian las prioridades y también el modo de vincularnos con el placer. Y eso está bien», afirma.
El cerebro: nuestro principal órgano sexual
«El órgano sexual más importante es el cerebro», afirma. La piel, como órgano sensorial más grande, también es clave: las caricias, la temperatura, el ambiente y las miradas activan circuitos químicos y eléctricos que favorecen el deseo. Aquí el contexto es determinante: un ambiente seguro, sin amenazas ni tensiones, predispone al placer.
Incluso, comenta que el estrés sostenido es uno de los mayores inhibidores del deseo sexual. «Si el cuerpo está en modo supervivencia, no va a priorizar la reproducción ni el placer. Por eso, cuidar la salud emocional y mental es cuidar la sexualidad», indica.
La importancia del contexto y la preparación
El cerebro es predictivo: se prepara para lo que viene. Por eso, pequeños gestos como elegir una música, perfumarse o intercambiar palabras afectuosas pueden construir un clima erótico. «En las parejas de largo tiempo, no basta con esperar que las cosas pasen; hay que cultivarlas», señala.
Spinelli también enfatiza que la comunicación es una herramienta fundamental: «Muchas personas sienten pudor de expresar lo que les gusta o lo que no. Sin embargo, la intimidad se construye también hablando. Poder decir ‘esto me gusta’ o ‘me gustaría probar tal cosa’ es un acto de amor propio y hacia el otro».
Rompiendo mitos
Spinelli destierra ideas instaladas: No hace falta tener pareja para consultar a un sexólogo. No es necesario acudir solo si hay un problema; también se puede ir para explorar, potenciar o conocer la propia sexualidad. El deseo no siempre está ligado al amor ni es constante; tiene altibajos influenciados por el contexto vital.
En este sentido, aclara que «el deseo no es una falla de fábrica, es una respuesta del cuerpo y de la mente a lo que perciben. Si cuidamos los estímulos, también cuidamos el deseo».
Dificultades frecuentes
En su práctica clínica, menciona casos de disfunción eréctil, eyaculación rápida o retardada, vaginismo y disminución del deseo sexual, muchas veces agravados por la ansiedad anticipatoria y las presiones culturales. «La educación sexual ha sido escasa y llena de prejuicios, y eso se arrastra a la vida adulta«, advierte.
También señala que la pornografía puede influir de forma distorsionada en la expectativa sexual, sobre todo en jóvenes: «Si la única educación que recibimos es a través de imágenes irreales, después trasladamos esas expectativas a la vida real, y ahí aparece la frustración».
Sexualidad como bienestar
La sexualidad no es un lujo, es parte de la salud. Consultar a un profesional puede ser un paso para resolver bloqueos, pero también para descubrir y expandir el propio placer. «La información es poder. Psicoeducarnos y animarnos a preguntar nos da herramientas para vivirnos de forma más libre y plena», concluye.
Autoexploración y autoconocimiento
La especialista insiste en que conocerse es fundamental: «No podemos pedirle a otro que nos dé placer si no sabemos qué nos gusta. La autoexploración no es egoísmo, es autoconocimiento. Cuanto más conectados estemos con nuestro propio cuerpo, más fácil será comunicarnos y disfrutar con otra persona«.
Para Spinelli, romper con la vergüenza o los mandatos culturales es un paso necesario: «A muchas personas les enseñaron que hablar de sexualidad es tabú o algo sucio. Es hora de entender que es parte de nuestra naturaleza y que hablarlo abiertamente también educa a las próximas generaciones».
La sexualidad después de la maternidad y en distintas etapas vitales
Uno de los temas que más consultas genera es el cambio en la sexualidad después de la maternidad. Spinelli explica que no se trata solo de un tema físico, sino también emocional y hormonal: «Tras el parto, el cuerpo necesita tiempo para recuperarse. A eso se suma la demanda del bebé, la falta de sueño y el cambio de prioridades. No es que el deseo desaparezca, sino que se reacomoda. La clave es no exigirse y comunicarse con la pareja».
También menciona la menopausia como otra etapa de grandes transformaciones: «El descenso de estrógenos puede generar sequedad vaginal y disminución del deseo, pero hay muchas herramientas médicas y terapéuticas para acompañar este proceso. La sexualidad no se termina, se transforma«.
Por: Karina Spinelli

Lic. En Psicología /Sexóloga clínica UBA
Master en Neurociencias. Especialista en EMDR.

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida.
Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan.
info@somosinfancia.com.ar
Ig: @revista.somosinfancia

