Reflexiones sobre la juventud en el siglo XXI

Desde la rica perspectiva de sus 80 años, Norma Manzotti nos ofrece una mirada única sobre la crianza y el desarrollo adolescente. Su visión atraviesa no solo su experiencia profesional como psicóloga social, sino también su rico recorrido vital como madre y ahora como abuela de adolescentes. Esta doble mirada, que combina la sabiduría de los años vividos con la cercanía actual a las nuevas generaciones a través de sus nietos, le permite tender un puente valioso entre el ayer y el hoy de la crianza. Hoy: Reflexiones sobre la juventud en el siglo XXI

Estamos terminando el primer cuarto de este siglo XXI, época que al descorchar el burbujeante de los 2000 despertó tantas expectativas y esperanzas en los corazones de muchas personas, sobre todo en la franja etaria entre 25 y 60 años. Se esperaban, por razones que aún no comprendemos del todo, cambios sustanciales en nuestro país y en nuestras vidas.
Hoy nos enfrentamos a temas como el alcohol descontrolado, los conflictos adolescentes, el sexo, el aborto y la falta de sentido de la vida. Estos temas, además de ser poco transitados y peor abordados, nos muestran que no estábamos preparados para enfrentarlos y confrontarlos con nuestros adolescentes, provocando inseguridad y confusión. Muchos de estos temas fueron tabú durante tanto tiempo que los adultos nos encontramos desconcertados ante la soltura y confianza con que los jóvenes los discuten.

Las «previas» en las casas antes de los bailes y eventos, que suelen extenderse hasta las tres de la mañana, evidencian nuestra incapacidad para poner límites. Aunque no estemos de acuerdo, nos falta la forma de dar directivas claras. La mayoría de los padres, por miedo o por evitar que sus hijos sean «diferentes«, terminan permitiendo comportamientos preocupantes: que lleguen alcoholizados, vomitados o descompuestos por seguir la corriente del rebaño. Esto genera angustia tanto en mayores como en adolescentes.

Esta situación también nos confronta con nuestros propios comportamientos: ¿cómo podemos decirle una cosa a un chico y hacer otra?. Es claro que se aprende más del ejemplo que de la palabra. Vivimos en un mundo urgente, donde la cultura del consumismo y el valor de lo material están por encima de los afectos.

Esto nos lleva a perder el rumbo, a mirar la brújula equivocadamente, dedicando más tiempo al hacer y al lograr cosas materiales que a acompañar a nuestros hijos, escucharlos y contenerlos.

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Ningún valor material reemplaza la presencia, la charla constructiva, los juegos o las cenas familiares. Se habla de calidad y no de cantidad de tiempo, pero la verdad es que se necesita suficiente tiempo para ayudarlos a formarse, a enfrentar su propia rebeldía que se traduce en hacer lo contrario de lo que dicen sus mayores. Los valores se transmiten en la cotidianidad, con el esfuerzo de cada día de levantarse y hacer lo debido con responsabilidad.

No podemos pretender que tengan valores y acciones claras, que elijan correctamente amigos, compañeros y caminos, si en nuestros hogares no se abordan temas como el alcohol con la frecuencia y profundidad suficientes. Debemos dejar bien claro cuáles son los parámetros entre lo que está bien y lo que puede convertirse en errores que dejen marcas dolorosas en sus vidas.

Son los mayores quienes deben guiar y educar, no quedarse al margen. La rebeldía debe ser reemplazada por ideas y motivaciones claras, donde el ejemplo y la contención coherentes ayuden a estos jóvenes a transitar y superar este período. Necesitamos que sepan qué quieren, hacia dónde van, y que encuentren un lugar de pertenencia que corresponda a valores que los conduzcan a una vida realizada, con un profundo sentido de propósito.

Derechos de autor: Norma Manzotti

Psicóloga Social, esposa, madre y abuela de 4 adolescentes

Fuente imagen: https://www.eldia.com/nota

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