El triángulo dramático de Karpman

Triángulo Dramático, nombre con el que Stephen Karpman definió a la relación que se produce entre tres roles determinados: víctima, salvador y perseguidor.

En la oficina, María tiene problemas en gestionar su tiempo. En general, se abruma con las tareas y los proyectos. Le cuesta priorizar y por ende siempre está atrasada en las entregas. No logra cambiar su perspectiva y se lamenta (rol de víctima) continuamente de no poder trabajar de manera más eficiente. Teresa (rol de salvadora) es compañera de María y casi siempre acude a salvarla de situaciones complejas: le termina las tareas incompletas, la ayuda con recordatorios y le soluciona los problemas técnicos. Hoy: El triángulo dramático de Karpman.

Pedro (rol de perseguidor) otro compañero del equipo que aspira al cargo de gerente y que en general coordina el trabajo en equipo, se frustra porque considera que María no sabe hacer su trabajo. Y que Teresa pierde su propio tiempo para ayudarla. Considera que estas demoras impactan en la gestión de modo que vive apremiando a María, diciéndole que mejore, que tiene que cambiar. El dice que lo hace para ayudarla, pero en realidad su accionar se parece más a una persecución interna.

Teresa (ahora en rol de víctima) está terriblemente molesta por la situación y termina enojándose con Pedro, diciéndole que, por su culpa, ella se siente acusada de un mal accionar.

En este ejemplo vemos como en una misma situación se puede pasar de un rol a otro en función de las circunstancias y el estado emocional. Los tres roles se retroalimentan entre sí construyendo un modelo de relación disfuncional que provoca sufrimiento en todas sus posiciones.
Los tres personajes implicados en el triángulo dramático constituyen estrategias emocionalmente inmaduras que se establecen como una estrategia defensiva ante situaciones conflictivas.

¿Cuáles son las características de cada uno de estos perfiles?

La víctima

Se cree receptora del comportamiento del otro, tiende a tomase todo a pecho y allí está su sustento, su manera de ser protagonista. No parece tener injerencia en los hechos, las cosas “le ocurren”, suele sentirse inferior y echar la culpa a un tercero. Es un rol que revela cierto grado de inmadurez y hasta de goce oculto en estar mal. Suele regocijarse en la modestia, tener una actitud pasiva y sentirse impotente. De cierta forma, la víctima se adueña del mundo emocional al quejarse y lamentarse continuamente y hacer uso manipulativo de los otros.

El Salvador

Sin duda un rol que promueve valores interesantes, pero no realmente en pos “del otro” sino de imponerse a sí mismos. Deja de vivir su propia vida para vivir la del otro. Vvive yendo en rescate de otros sin que se les haya pedido ayuda y, por ende, suele generar resentimiento. El salvador tiende a esperar el agradecimiento de su labor salvadora y en ocasiones puede mostrar cierta actitud “soberbia” producto de su accionar solucionador. Una de las características más negativas es que no pueden soportar lo que le vaya a ocurrir al otro, desestimando así la propia capacidad de ese tercero en solucionar sus propios problemas.

El perseguidor

Esta es una persona a la que, de alguna forma, se le ha inculcado cierto miedo. El que persigue siente que el mundo es un lugar peligroso y precisa tener el control permanente. Su regocijo, es, justamente, obtener y ejercer ese control. El perseguidor refleja cierta inseguridad subyacente que en ocasiones termina por humillar al otro ya que siente que siempre tiene la razón y, por lo tanto, es incapaz de conciliar.

Más sobre:El triángulo dramático de Karpman.

A través del control que intenta ejercer, se valora a sí mismo y se aleja del temor.
Ahora bien, querido lector, mi pregunta es: ¿Qué anzuelo estamos mordiendo para entrar en el drama? ¿qué resorte estamos accionando que nos hace querer defendernos, tener que acusar o tener que victimizarnos? ¿Cómo y para qué elejimos entrar en determinado rol?

Algunas ideas para abandonar estos roles

Abandonar el rol de víctima

  • Renunciar a la recompensa de serlo
  • Accionar a pesar del miedo
  • Conectar con las propias fortalezas
  • Dejar de vivir en el pasado
  • Salir de la manipulación a través de disparar culpas

El rol de salvador

  • Dejar de actuar para que las personas dependan de mí
  • Fomentar la autonomía
  • Conectar con las necesidades propias
  • Dejar de visitar constantemente la vida del otro y habitar la propia
  • Verificar si realmente se me ha pedido ayuda
  • Reflexionar, evitar anticiparse, preguntarme si realmente tengo los recursos para ir a “salvar” al otro
  • Estar conforme con lo que los otros deciden para sí mismos

El rol de perseguidor

  • Preguntarme si siempre debo tener la razón
  • Reflexionar sobre la necesidad de planificarlo todo
  • Aprender a soltar el mando
  • Tratar a los demás como queremos ser tratados
  • Cambiar el control por la colaboración
  • Poner en práctica el trabajo en equipo
  • Empezar a considerar los términos relativos versus los absolutos
En fin, nadie “nos hace” las cosas. Ser adulto es comprender que nos hacemos las cosas a nosotros mismos, tomar responsabilidad de nuestros pensamientos y accionares y trabajar el dominio de nuestras expresiones emocionales.

Será cuestión de indagar en ese interior para que nuestra próxima interacción se ubique en el sendero del virtuosismo para así llegar, al deseado triángulo equilibrado.

Mercedes Lagos

Coach Ontológico

pippa.lagos@gmail.com

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