El miedo suele ser mal visto, cuando realmente es una emoción que siempre vamos a experimentar ante ciertas situaciones, permitiéndonos preparar o defendernos ante ellas. Claro, si no tendríamos miedo no podríamos evitar un peligro. Hoy: Miedo ¿amigo o enemigo?.
De allí a que sentir miedo hasta cierto límite es sano, empero cuando se pasa de ese límite se vuelve insano trabándonos e incapacitándonos para tener una vida acorde a lo que sentimos y deseamos.
El miedo insano nos impide disfrutar, avanzar, y creer en nuestras capacidades. Todo se vuelve más complejo e imposible, cuando, en realidad, no lo es.
¿Cuántas veces abandonamos cosas por miedo?
¿Cuántas veces imaginamos situaciones negativas por miedo?
Lo más oscuro de él es cuando nace de un lugar tan interno que se desconoce la razón de por qué aparece. A cuántas cosas le tenemos miedo sin saber por qué, sintiendo una sensación incómoda, incontrolable y una presión interna. Sensaciones de inquietud, ansiedad, y la necesidad de huir pero no saber a dónde.
Cuando sentimos un miedo «imaginario», un miedo a algo que es probable que no ocurra, y somos consciente de ello, esta sensación empeora. Empeora porque ahí no solo tenemos miedo a algo, sino que somos conscientes de que no podemos controlar nuestros pensamientos y esto nos altera más, aumentando el miedo.
Por ello, en un principio la clave es empezar a identificar si a lo que le tememos es a algo real o es a algo de nuestra mente. Si es lo primero debemos tener en cuenta que sentir miedo no es malo y que lo que verdaderamente importa es la acción que haremos respecto a éste. Y, si es lo segundo, luego de identificarlo debemos trabajar para que se apaguen estos miedos imaginarios.
¿Cómo hacemos para luchar con nuestra mente equivocada, y con las sensaciones negativas que traen como consecuencia?
Cuando sentimos en extremo que algo malo ocurrirá en una situación que nos genera miedo, podemos imaginar cómo actuaríamos sin ese miedo, y si eso que pensamos como negativo no pasara.
Un ejemplo podría ser el no demostrar lo que verdaderamente sentimos o tener ciertas actitudes que van en contra de ello por el miedo a que nos fallen.
Más sobre: Miedo ¿amigo o enemigo?
¿Y si ese miedo no existiría? ¿Nos dejaríamos llevar, demostrando lo que efectivamente sentimos y nos la jugaríamos?
Para conocer cómo actuamos ante esta emoción nos podemos preguntar qué hacemos cuando lo sentimos: ¿Nos paralizamos? ¿Huimos? ¿La aceptamos e igualmente accionamos siguiendo lo que deseamos y sentimos?
Es esencial auto conocernos y saber cómo respondemos ante su presencia, ya que quizás lo tenemos tan automatizado que no nos damos cuenta que hay otras posibilidades.
Para finalizar, tengamos presente que nuestros miedos pueden disminuir, existe solución. No es mágica ni rápida, pero la tiene y depende inicialmente de nosotros. Quizás buscar ayuda sea nuestro primer paso.
Se requiere aceptación e introspección, y si sigue persistiendo de ayuda profesional. Teniendo en cuenta la importancia de la acción post el miedo experimentado, aceptándolo como emoción, buscando la forma que no nos paralice.
Es sumamente sanador tratar nuestros miedos para vivir una vida más tranquila, sana, y genuina.
Milagros Fanuele

Licenciada en Psicología
fanuelemilagros@gmail.com
Fuente imagen: https://www.lifesense.com.co/blog

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida.
Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan.
info@somosinfancia.com.ar
Ig: @revista.somosinfancia

