Hace unas semanas tuve el placer de participar en el programa radial Redes de Bienestar, un espacio donde distintas miradas se encuentran para hablar de salud y calidad de vida. Allí compartí algunas reflexiones sobre un tema que me consultan a diario: las plantillas ortopédicas.
La pregunta suele repetirse: «¿Realmente necesito usar plantillas?» Y mi respuesta siempre parte de una idea fundamental: no existe una receta universal. Cada cuerpo es único, cada pisada tiene su propia historia y, por lo tanto, la indicación de una plantilla depende de múltiples factores.
Las plantillas como recurso, no como solución definitiva
Las plantillas pueden resultar de gran ayuda, pero no debemos caer en el error de verlas como una solución mágica. «En algunos casos cumplen un rol importante para mejorar la distribución de cargas, acompañar procesos de recuperación o disminuir dolores. Pero cuando se utilizan sin un diagnóstico adecuado, lo único que logran es tapar el síntoma sin resolver la causa».
La clave está en entender que el pie no funciona de manera aislada. El cuerpo es un sistema integrado. La forma en la que apoyamos los pies está conectada con la postura, la pelvis, la columna y los patrones de movimiento. Por eso, una plantilla puede ser útil, pero nunca reemplaza al trabajo integral sobre el cuerpo.
Evaluar antes de indicar
En mi práctica como osteópata, lo primero que hago es observar la movilidad general, la fuerza muscular y la manera en que la persona organiza su cuerpo en el espacio. «Una plantilla puede aportar soporte externo, pero si no trabajamos también en la causa —ya sea rigidez, debilidad o malos hábitos posturales— la molestia volverá a aparecer»«.
De allí que sea tan importante la evaluación personalizada. Hay quienes necesitan plantillas de manera temporaria, como apoyo durante un proceso de rehabilitación; otros pueden usarlas a largo plazo porque su estructura así lo requiere; y también existen casos en los que no es necesario ningún tipo de soporte externo.
Una mirada osteopática
La osteopatía propone mirar al cuerpo en su totalidad. «Cada pisada es un mapa que nos habla de la historia del organismo. Leer ese mapa nos permite comprender qué está ocurriendo y qué necesita cada persona».
Esto significa que el tratamiento no se reduce a colocar una plantilla, sino a acompañar al cuerpo en su proceso de equilibrio. Muchas veces, antes de pensar en soportes externos, es necesario trabajar sobre la movilidad articular, la elasticidad, la fuerza de ciertos grupos musculares y la conciencia corporal.
Mitos y realidades
Durante la entrevista en Redes de Bienestar, desmentimos algunas ideas muy comunes:
«Las plantillas son para siempre» → No necesariamente. En muchos casos son temporarias y cumplen un rol específico.
«Todas las personas con pie plano deben usarlas» → No siempre. Hay pies planos funcionales que no requieren corrección.
«Si tengo dolor de espalda, necesito plantillas» → El dolor de espalda puede tener múltiples orígenes; no siempre está en la pisada la causa principal.
«Lo importante es no sobrediagnosticar ni adelantarse. Cada cuerpo es distinto y merece un abordaje individualizado».
Algo Importante;
La plantilla no es corrección, no es correcto de la pisada, hablando en adultos, entendiendo que la misma no va a corregir.
Hay que reeducar la pisada, y ¿cómo se reeduca?, entrenando la musculatura del pie. Esta se entrena con actividades que impliquen estar descalzo, ejemplo danzas, yoga, o cualquier actividad en donde nos lleve la consciencia a los apoyos.., y de ahí empezar a activar, porque tenemos musculatura. Porque la plantilla de por si, lo que hace es «sostenernos», ahora cuando nos sacamos las plantillas, volvemos al estadío original.
Ejemplo una persona que se va de vacaciones y no puede usar las plantillas, cuando vuelve es probable que se encuentre lleno de dolores, porque está acostumbrado al uso de plantillas en su día a día.
Al no corregir nada las plantillas, uno vuelve a pisar mal, pero tengamos en cuenta que el pie puede ser trabajado!
Conclusión
Las plantillas no son ni buenas ni malas en sí mismas. Son un recurso más dentro de una caja de herramientas que la salud nos ofrece. «Lo fundamental es saber cuándo, cómo y para quién se indican. Esa es la diferencia entre que una plantilla ayude realmente o que se convierta en un accesorio innecesario».
En definitiva, se trata de escuchar al cuerpo, de leer su mapa y de acompañarlo con respeto en su búsqueda de equilibrio. Allí, y solo allí, las plantillas encuentran su verdadero sentido.
Palabras finales
«Creo que lo más importante es recordar que ninguna herramienta, por sí sola, cambia nuestra salud. Lo que transforma es el enfoque integral, el compromiso personal y la guía profesional adecuada. La plantilla puede ser parte de ese camino, pero nunca el camino en sí mismo«, reflexiona Azaritti.
De este modo, la invitación es a no quedarse con respuestas rápidas ni con soluciones estándar. El bienestar surge del conocimiento, de la escucha y del trabajo conjunto entre la persona y el profesional.
Por: Ayelen Azzariti

Osteópata, kinesióloga

