“A menudo un dolor físico es la expresión de un dolor emocional reprimido.” Franz Ruppert.
Hoy quisiera compartirles una frase que invita a la reflexión y a la introspección, me pregunto junto a ustedes: ¿cuántas veces ocultamos nuestras emociones? Y quizás también, hasta las olvidamos, nos olvidamos de sentir, o incluso no nos permitimos sentir.
Por supuesto que, ese caudal emocional, al no poder seguir su camino energético, al no ser reconocido por nosotros, queda almacenado en nuestro cuerpo físico. En palabras de Brigitte Champetier de Ribes: “las emociones que no han sido expresadas se acumulan en los órganos a los que corresponden, modificando su química, restándoles energía, hasta acabar en una somatización, síntoma, o enfermedad”.
Uno de los desafíos que tenemos como seres humanos, y con nosotros mismos, es conectar con nuestras emociones, reconocerlas, trascenderlas.
Justamente, poder expresarlas, poder poner en palabras nuestro mundo interno.
Hoy en día gracias a todos los avances científicos, sabemos que solamente el dos por ciento de nuestro ADN es biológico. Es decir, realiza las funciones vitales para la existencia; el resto del ADN, el noventa y ocho por ciento restante, es energético. Entonces es menester que tomemos conciencia de nuestro bagaje emocional, es nuestra propia responsabilidad.
Las Constelaciones Familiares son una filosofía de vida, que nos permite sanar a nivel profundo e inconsciente las heridas emocionales, las nuestras. Como así también las ancestrales, dejando el camino libre para las generaciones futuras.
El viaje más largo del hombre es hacia su interior.


