Cuando un bebito nace y tiene hambre, sueño o necesita contacto; llora.
Desde ese llanto son la mamá y el papá quienes, a partir de un ejercicio de prueba y error, van descubriendo que es lo que necesita.
Su única herramienta de comunicación es el llanto. Como puede y de la única forma que sabe, se comunica con sus cuidadores.
Son ellos quienes a través de un proceso de decodificación, van significando ese llanto de su bebito y van satisfaciendo sus necesidades.
Luego de un tiempo y a través de la construcción del vínculo con él, irán comprendiendo, por ejemplo, que si llora de tal manera es hambre, que si llora de tal otra es sueño.
De esta forma se va creando un código entre ellos, basado en el intento de traducir las distintas conductas del bebito, y de una mamá y un papá que están ahí, atentos para cubrir todas las necesidades del niño.
Cuando ese bebito crece, aprende a hablar y a utilizar las palabras para expresarse. Ahí las cosas cambian.
Pero aun así, a veces, el lenguaje no logra expresarlo todo, deja algo por fuera.
O quizás no es la palabra correcta, la forma o el modo.
Y así nos encontramos con chicos que demandan todo el tiempo, el juguete, la golosina, ir acá, hacer allá.
Chicos que “llaman la atención”, que “se portan mal” etc.
Esa actitud de capricho constante, de desafío, en donde parece que nada de lo que hacemos les alcanza.
Mamás y Papás que dicen: “Yo le compro”, “yo lo llevo” “Yo juego”, pero parece que nada es suficiente, siempre quiere más.
Los adultos tendemos a intentar responder de manera lineal a las demandas de nuestros hijitos.
Pero…¿Nos detenemos a pensar que hay detrás de ese pedido?
¿Les preguntamos realmente que les hace falta? ¿Qué necesitan de nosotros? ¿Cómo lo necesitan?
J. Lacan dijo que detrás de toda demanda, hay una demanda de amor.
Cuando hay un pedido que va dirigido a un otro, hay una demanda. Esto se da porque hay algo que falta, una necesidad de un sujeto que pide ser satisfecha por un otro.
Todo esto nos lleva a pensar que, detrás de cada juguete, de cada llamado de atención, de cada juego que nos invitan a jugar, hay una demanda de presencia, de una presencia real.
De un estar pero con disponibilidad, con entrega a ese vínculo.
Lo mismo que hacíamos cuando nuestro hijito era bebe, podemos hacerlo ahora.
Traducir su demanda, descubrir que necesitan realmente.
Desde la mirada, la escucha y la presencia absoluta, sin distracciones.
Sin celulares ni televisión. Con la cabeza en el aquí y ahora.
Si esto lo pensamos en el campo del lenguaje y de la demanda, nos encontramos con que ellos piden algo que nosotros como mamás y papás creemos que satisfacemos.
Pero cada niño tiene sus propias necesidades y como respondamos a ellas será parte de la construcción de su subjetividad.
Es nuestro deber descifrar cuáles son y descubrir de qué forma satisfacerlas.
Quizás, el modo en que nosotros como papas presuponemos que les demostramos amor que les tenemos, que los alentamos, que les damos un reconocimiento y los acompañamos, no es la forma que ellos necesitan.
Pero es desde nuestro rol de adultos cuidadores que debemos hacerlos sentir amados, contenidos, seguros y confiados. Y somos nosotros quienes tenemos el deber de encontrar la forma indicada para cada uno de nuestros hijos.
Eliana Patterer
eliana.patterer@gmail.com
Lic. en Psicología
Especialización en Maltrato en la Infancia
@emesmujerymama
Fuente Imagen: guioteca.com

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