Los seres humanos somos ante todo, seres relacionales. Porque dependemos fundamentalmente del contacto y el vínculo con otras personas. Desde el nacimiento, nuestro sistema nervioso se organiza en función del vínculo con un otro. Por ello, abordaremos aspectos de la salud mental.
El apego temprano no solo determina cómo nos sentimos seguros, sino que moldea la arquitectura de nuestro cerebro emocional. Esto es sostenido por la neurociencia y la teoría del apego, es el punto de partida para entender por qué los vínculos son un pilar y no un accesorio del bienestar psicosocioemocional.
Los vínculos son protectores de la salud mental. Porque el simple hecho de sentirse visto, escuchado y sostenido por otros, regula el sistema nervioso, reduce la ansiedad, el estrés y produce cierto grado de bienestar.
Hay vínculos sanos, que son los que nutren, los que nos regulan emocionalmente y están también los vínculos que desgastan, son los que producen dependencia, control emocional, manipulación, son vínculos tóxicos.
Cuando los vínculos son sanos, seguros, funcionan como un ancla ante el estrés. Y cuando son inestables o están ausentes, el cuerpo permanece en un estado de alerta permanente que de a poco va erosionando la salud física y mental con el tiempo.
Hay estudios de la Universidad de Harvard que sostienen que tanto la soledad como el aislamiento son factores de riesgo para la salud mental. Incluso, con un índice de riesgo mortal comparable al riesgo de muerte por fumar. Con respecto al desarrollo del adulto, estos mismos estudios sostienen que quienes mantienen relaciones cercanas de buena calidad llegan a la vejez con mayor bienestar físico y mental.
Los vínculos y las mascotas
Las mascotas pueden ser una fuente de apoyo emocional, dan afecto sin juzgar y sin esperar nada a cambio. El contacto físico con ellos muchas veces calma y da la sensación de sentirse importante para alguien, además de regular el estrés. Las mascotas forman parte de la red de contención emocional, además de ordenar el día, ya que en cierta forma introducen orden en la vida cotidiana además de generar movimiento, sin sentir que es una obligación.
No todas las mascotas generan el mismo tipo de vínculo, algunos movilizan y otros calman.
El perro, en cierta forma ordena las rutinas, moviliza y como dice el Dr. López Rosetti el perro es algo así como un personal trainer. Hay que sacarlos, hay que caminar, hay que salir, todo esto hace que nos pongamos en movimiento y sin darnos cuenta el cuerpo se activa, el ritmo biológico se activa y facilita el encuentro con otros, genera interacción, genera encuentros con otros y ese contacto se convierte en un vínculo.
El gato es diferente porque su presencia genera un vínculo silencioso, brinda compañía sin invadir ya que es mas independiente. El no empuja hacia afuera como el perro pero ordena lo cotidiano puertas adentro. Genera pausas, brinda calma permite que bajemos la velocidad el organismo encuentra un ritmo más calmo, más equilibrado.
En estos dos ejemplos se produce una relación vincular que se denomina vínculo transespecie. El perro activa y el gato tranquiliza.
Los seres humanos aprendemos a regularnos emocionalmente en compañía, una voz cálida, una mirada atenta. También un contacto seguro ayudan a calmarse, lo que se conoce con el nombre de corregulación. ME REGULO CON EL OTRO, SOY CON EL OTRO.

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