“Infancias que incomodan”

La sanción de la Ley 26.150 en el año 2006 tuvo impacto a nivel social al romper con el discurso que reduce la sexualidad al orden de la genitalidad. La Ley de Educación Sexual Integral, plantea la necesidad que la ESI se encuentre presente en todos los niveles del sistema educativo formal, desde nivel inicial hasta el nivel superior.

La ESI propone por un lado que debe transmitirse información pertinente y actualizada sobre sexualidad, como así también que deben promoverse capacidades y habilidades que permitan emplear críticamente esos saberes.

El trayecto escolar, en todos y cada uno de sus niveles, es uno de los primeros espacios socializadores para trabajar la formación de los niños, niñas y adolescentes en tanto sujetos de derecho desde un paradigma integral. La concepción de integralidad que propone incluye varios aspectos que se tornan fundamentales, como el conocimiento y cuidado del propio cuerpo y el de las y los demás, la reflexión sobre los vínculos entre las personas fomentando valores como el amor, la empatía y la solidaridad, la valoración de las emociones y la expresión de las mismas, la dimensión biológica de la sexualidad y el ejercicio de los derechos junto con la consecuente la construcción de normas de convivencia y las relaciones igualitarias.

El sistema educativo debe promover una educación de la sexualidad armónica e integral, valorando la importancia de las emociones y los vínculos, y es la Ley Nacional N° 26.150 la que le da a las instituciones educativas un rol privilegiado como ámbito promotor y protector de derechos.

En el Nivel Inicial la ESI tiene como motor transversalizante el juego, ya que éste constituye una actividad espontanea primordial. Ya sea a través del juego simbólico o dramático, de los juegos tradicionales o de construcción, al jugar, los niños y las niñas van conociendo a otro mientras se van conociendo a sí mismos y a sí mismas. Paulatinamente van desarrollando su capacidad de percibir y de conocer la realidad, el mundo que los y las rodea. En el año 2004, en los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP) para la Educación Inicial, se reconoce al juego como un producto de la cultura y como un orientador de la acción educativa, en tanto promueve la interacción entre lo individual y lo social, entre lo subjetivo y lo objetivado.

Las características que asume el juego en la vida de los niños y las niñas remiten a los valores y las creencias propios de la comunidad de la que forman parte y más allá de los objetivos pedagógicos en los que esté enmarcado en el sistema educativo, es imperioso comprender que el juego no es una actividad ingenua.

Si la subjetividad de un sujeto se va construyendo en el encuentro con otros y otras, deberíamos atender más al rol de los educadores y educadoras, como principales agentes educativos. Las propuestas lúdicas planificadas por los maestros y las maestras pueden convertirse en estrategias privilegiadas para la construcción de identidades, como así también espacios de perpetuación de mandatos sociales propios del discurso hegemónico.

Por este motivo, es fundamental resignificar nuestras representaciones, como también los juguetes y los juegos que les planteamos. Aunque la escuela siga generando condicionamientos sobre la construcción de la identidad de género, los cuerpos sexuados y los roles (escondidos detrás del deber ser) de niños y niñas, debemos apelar a una mirada crítica de nuestra práctica, siendo capaces de revisar nuestros posicionamientos.

En el momento que un/a docente se sorprende al ver a una de sus alumnas elegir una pelota en vez de una muñeca para jugar, se pone en jaque su perspectiva. En esa elección, se libra una batalla en contra de los estereotipos y los mandatos sociales, mientras que nos habilita a (re)pensar como nos fuimos construyendo en relación al mundo, y como en nuestros actos y mirada propiciamos o no, que ellos y ellas construyan el suyo.

Revalorizemos la sutilidad de ese acto de valentía. A veces nos incomoda, nos enfrenta, nos cuestiona, nos sacude. Pero he aquí lo maravilloso: el mayor permiso que nos regala, es dejar que las infancias interpelen el mundo adulto.

Prof. María Pía Tamborini Lallee

Profesora de Educación Inicial y Coordinadora Pedagógica 339/9

mariapiatamborinilallee@gmail.com

Fuente Imagen: Cuidado Infantil

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