Para los que trabajamos en educación se nos presentan interrogantes y desafíos constantes, no sólo con nuestros alumnos, sino también con nuestros hijos.
Tantas veces nos hemos preguntado ¿Qué puedo hacer con este niño/a? Se aburre, llama la atención constantemente y sus actividades duran muy pocos minutos, cambiando inmediatamente a otra.
Esta realidad es cada vez más generalizada y para nosotros, adultos, formados en otro contexto histórico y cultural totalmente distinto al de ellos, es alarmante.
Tenemos frente a nosotros este nuevo tipo de niños multiatencionales o multitasking, diferenciándolos y alejándolos drásticamente de lo que se viene llamando déficit disatencional (ADD).
Históricamente se ha visto patología donde aparecían conductas y estilos diferentes a los que se venían dando social y culturalmente. Desde hace algún tiempo han aparecido y se han reproducido los casos de niños “desatentos” con o sin diagnóstico de déficit disatencional (ADD). Y entonces los profesionales comenzamos a cuestionar estos diagnósticos, a cuestionar nuestro accionar, pensando y repensando las causas de este creciente fenómeno.
Al analizar como nuestros niños se forman, se educan y se constituyen como sujetos pensantes no podemos ignorar la enorme influencia de los medios masivos de comunicación y de las nuevas tecnologías. Desde hace más de medio siglo, la radio, la TV, las computadoras, los video juegos, entre otros, moldean a nuestros niños día a día, hora a hora, minuto a minuto…
Si reflexionamos acerca de los formatos que nos presentan las tecnologías de la comunicación, se sabe que generan una mayor estimulación visual y auditiva, con información muy concreta, concisa y breve. Este particular formato nos obliga a una articulación veloz de la atención, que se mantiene alerta y en general “multiplicada” a través de multitareas (multitasking). Un ejemplo claro es el funcionamiento de las ventanas con que se navega en la web. Nuestros niños han ido estructurando su atención y su mente bajo este formato, propio del siglo XXI de la era de la informática y la tecnología; y nosotros, adultos, les pedimos que piensen lineal y pausadamente acorde a la forma en que nosotros hemos estructurado nuestra mente.
Para comprender este fenómeno debemos tener en cuenta tres aspectos. Por un lado lo fisiológico, orgánico, de la mano del concepto de “plasticidad neuronal”. Por otro lado, el aspecto cognitivo, que nos remite a las nociones de “atención” e “inteligencias múltiples. Y por último el social – cultural con una enorme influencia en el desarrollo de nuestros niños, en el contexto de un mundo globalizado e informatizado.
Desarrollaré brevemente cada uno de estos aspectos para una comprensión mayor de la complejidad.
En cuanto al concepto de plasticidad neuronal, teoría desarrollada y verificada hace pocos años, este concepto refiere a la capacidad que tienen nuestras neuronas de hacer mayor o menor cantidad de conexiones neuronales en función de la necesidad y el ejercicio. Para expresarlo con claridad, se ha comprobado que ante una lesión cerebral, el cerebro es capaz de realizar otras conexiones neuronales que complementen y/o sustituyan aquellas que se han perdido. En una persona que no ha sufrido ningún accidente se puede corroborar analizando situaciones como la de un adulto que de pequeño tocaba un instrumento musical y ahora es incapaz de hacerlo, pero ha desarrollado por ejemplo un excelente juicio crítico para la música, allí hay conexiones neuronales que han muerto y otras que han nacido.
En cuanto al aspecto cognitivo, la teoría de las inteligencias múltiples, planteada inicialmente por E. Gardner y retomada posteriormente por pensadores de América latina, como Ander Egg, entre otros, plantea algo similar. Se piensa a la inteligencia como una red de funciones diversas, las cuales se van desarrollando en mayor o menor medida generando potencialidades o debilidades según la situación individual, que es moldeada por las influencias y estímulos del medio.
Por último y en íntima relación con los anteriores, los niños se desarrollan según su contexto histórico y social. Lo que sucede a su alrededor, los aprendizajes que les ofrece el medio son los que influyen en el desarrollo de su forma particular de pensamiento.
Volviendo a las palabras iniciales, nuestros niños hijos del siglo XXI y de la tecnología, replican en la escuela y en todo lo que hacen esa particular forma de vivir que se introdujo a este mundo globalizado y de multitareas tecnológicas.
La gran diferencia entre ellos y nosotros reside en que ellos solo conocieron esta realidad, les es imposible pensar y concebir otras formas posibles de “hacer” las cosas.
Son niños multiatencionales y multitasking desde su origen, es una mera cuestión generacional, que los distingue de nosotros, adultos, de otra generación.
Lorena M. Passini
Psicopedagoga – MP1315
Fuente imagen: enterese.net

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