¿Por qué recordamos mejor lo que nos emociona?
La emoción y la cognición son procesos que se encuentran profundamente relacionados, tanto que resulta imposible separarlos en el funcionamiento del cerebro humano. Esto se debe al diseño cerebral. Cada concepto que construimos está impregnado de emoción. Los estados emocionales influyen directamente en cómo percibimos, atendemos, aprendemos y recordamos la información. Pero, ¿cómo se traduce esto en nuestra vida cotidiana? Hoy: Emoción y memoria.
Imaginá que estás estudiando para un examen después de recibir una gran y hermosa noticia. ¿Te cuesta concentrarte o, por el contrario, retenés mejor la información?
Los estados emocionales determinan la forma en que procesamos la información, cómo la almacenamos y recuperamos. Diversas regiones del cerebro trabajan en equipo para asignar valor emocional a nuestras experiencias. La amígdala es clave para detectar y procesar emociones, especialmente el miedo. La corteza orbitofrontal y la prefrontal nos ayudan a regular nuestras emociones y tomar decisiones basadas en ellas. Juntas, estas áreas enriquecen la experiencia emocional y potencian nuestra memoria.
Los eventos cargados de emoción suelen quedar grabados con más fuerza en nuestra memoria. Esto se debe a que las emociones activan la amígdala, que a su vez intensifica la consolidación de los recuerdos en el hipocampo, una región esencial para la memoria a largo plazo.
¿Recordás dónde estabas y cómo te sentías durante un momento significativo en tu vida, como un cumpleaños especial o el día que aprobaste un examen difícil? Esos detalles permanecen vívidos porque la carga emocional refuerza la huella en la memoria.

Estudios científicos han demostrado que los recuerdos positivos suelen contener más detalles contextuales que los negativos, lo que facilita su recuperación. Sin embargo, las emociones negativas también tienen su papel y nos ayudan a recordar eventos que debemos evitar en el futuro. Si te encontrás en un estado emocional similar cuando estudiás y cuando intentás recordar aquello que estudiaste, tus probabilidades de éxito aumentan.
Entender cómo emoción y memoria están intrínsecamente conectadas nos permite vislumbrar un enfoque más integral del aprendizaje y del desarrollo personal. Como cierre, me gustaría decir que nuestras emociones no sólo nos guían, también son las que dan sentido y color a nuestros recuerdos.
Derechos de autor: Lic. Micaela Colombo

Lic. en Psicopedagogía M.P. 230444 – Docente de Nivel Primario
Nota escrita en exclusiva para Revista Somos Infancia.
Fuente imagen: https://rosinauriarte.com/

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