De la depresión se sale

El primer recuerdo que viene a mi mente cuando pienso en la palabra Depresión, es de cuando tenía unos 6 o 7 años y le hice un dibujo a mi tía. No entendía por qué se había puesto a llorar de esa manera al recibirlo. Porque no era un llorisqueo de emoción, era un llanto con pañuelo incluido, que no cuadraba con la reacción que solían tener otros adultos en la misma situación.

Tampoco mi hermana entendía, aún siendo unos años más grande que yo, por qué mi tía aparecía, en un segundo plano llorando, en las fotos de su comunión.

Yo supe lo que le pasaba unos pocos años después cuando la internaron, aunque tampoco entendía mucho.

Sin embargo, en esa época escuché por primera vez la palabra Depresión, un término que se instaló en nuestras vidas indefinidamente. Y no sólo afectando a mi tía, sino a casi todos los miembros de la familia. Incluida yo.

El 13 de enero fue el día internacional de la lucha contra la depresión, no puedo dejar pasar la oportunidad de hablar de este tema.

Nunca antes había sentido esta necesidad. Elijo pensar que es por el trabajo interno que vengo haciendo para mantenerme saludable frente a este flagelo que aún anda rondando por acá.

Fui y soy testigo de los estragos que genera una depresión profunda en las personas. Hoy, después de haberla enfrentado cara a cara, tengo dos certezas: que, aunque cueste creerlo cuando uno está “en el pozo”, de la depresión se sale.

 Pero como dice la frase recientemente famosa (Y esta es la segunda certeza) “nadie se salva solo”. Se sale con ayuda y con un tratamiento adecuado.

En mi caso, hubo alguien al lado mío que me aseguraba que iba a salir de eso, que me acompañaba a cada psiquiatra o psicólogo, a veces a la fuerza. Alguien que me escribía cartas cuando estaba internada, aunque yo no quería verla y que se la pasaba investigando sobre mi condición para poder ayudarme.

Hubo también amigos que iban a mi casa a verme. Y, aunque yo no quisiera recibirlos, se quedaban del otro lado de la puerta y preguntaban a menudo sobre mi salud.

Pero sé que no todos tienen ese privilegio.

Sin embargo, siempre hay personas dispuestas a ayudar.

Hoy enfrentamos muchos desafíos como sociedad con respecto a este tema. Entre ellos, la falta de una ley de salud mental adecuada, la estigmatización social, que hace que muchas personas no pidan ayuda por vergüenza o miedo a ser juzgadas. Además de la normalización de la enfermedad con frases o ideas que la minimizan. Y la desinformación en redes sociales, que puede banalizar o romantizar el tema, entre otros.

Por todo esto es tan importante que, quienes hoy trabajamos en salud mental, bienestar o educación nos informemos y concienticemos. Para que la depresión pueda detectarse a tiempo.

Y no olvidemos que el síntoma de una persona expresa un conflicto del sistema familiar en su conjunto. Por eso es tan necesario prevenir e informar, para que el mensaje llegue a alguno de los miembros y pueda romper el círculo sin que caigan todos en efecto un dominó.

Por último, quiero dejarles un número de teléfono de una institución que conocí hace poco y que quizás pueda servirle a quienes lean esta nota. Es de una línea de ayuda gratuita y anónima atendida por voluntarios. Con empatía y capacitados para escuchar a personas en situación de crisis o necesidad de conversar con alguien.

La institución se llama “SOS un amigo anónimo” y en la línea atienden de lunes a viernes de 10 a 19 hs. También los sábados hasta las 16 hs en el 5263-0583.

Virginia D.

Somos Infancia

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida. Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan. info@somosinfancia.com.ar Ig: @revista.somosinfancia

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *