Me abro a la naturaleza del ser femenino: a mi nacer, a mi morir, a mi renacer. Busco mi único y maravilloso yo en plenitud: soy ¡Espaldas! Arrojad el bagaje cultural que se me ha encimado. ¡Arrojad todo lo que no es mío! Deseo estar libre para gozar mi ser de mujer, sin culpas acariciarme, sin miedos abrazarme, sin vergüenzas mirarme. Deseo fluir con las corrientes de la energía universal que me miman, compenetran, cargan y transforman. Soy mujer (Lilly Wolfensberger Scherz )
Las mujeres encarnamos todo aquello que nos ha precedido, tenemos en nuestras memorias las huellas del pasado, de nuestras ancestras, ya que habitamos sus cuerpos, sus úteros. Allí sentimos todos los avatares y vaivenes de las mujeres en el mundo. Un mundo que ha dejado poco espacio para expandir la sabiduría que habita en lo femenino. Misterios, absurdos, fantasías, brujerías, cosas vergonzosas, cosas de las que no hay que hablar, cosas de mujeres, decían por ahí.
De eso si quiero hablar, de ese saber que vive en cada mujer y que se ramifica cuando nos encontramos, ciclando y en red.
Los círculos de mujeres ya en los tiempos de las cavernas ejercían un papel fundamental y relevante. La mujer era primitiva, libre e independiente. Posteriormente, durante la edad media en Europa, la mayoría de las mujeres fueron condenadas socialmente. Las han llamado brujas y fueron perseguidas , pero eran mujeres cultas que conocían los ciclos de la naturaleza y los beneficios de las plantas. Libres y llenas de conocimiento. Sin embargo, a pesar de la persecución, muchas de ellas en sus ámbitos privados, siguieron ejerciendo su propio poder en conjunción con su ser. Las más sabias, atendían los partos, otras preparaban hierbas a las mujeres tanto para enfermedades generales como para enfermedades relativas a los ciclos femeninos (dolores menstruales, infertilidad). Otras acompañaban a las adolescentes a ingresar con sencillez en los ciclos de ovulación y sangrado o enseñaban a las puérperas a manejarse con sus hijos recién nacidos. Las mujeres sabias, además, se ocupaban de enterrar a los muertos, ya que estaban acostumbradas a tocar los cuerpos y conocían como nadie los rituales de purificación. Conocían los misterios de los mundos emocionales y eran capaces de acompañar las tristezas más hondas y las pérdidas más desesperantes. Esta sabiduría era transmitida de madres a hijas. Sin embargo, el auge de la medicina como profesión para cuyo ejercicio se exigía una formación universitaria facilitó la exclusión legal de las mujeres de su práctica. En una sociedad patriarcal, la mujer se desprende de su naturaleza femenina en su esfuerzo por ser aceptada. Se escinde de su cuerpo e ignora su milenaria sabiduría. Se apaga.
Hasta que, en un momento de la vida, cada una de esas mujeres naturalmente necesita mirar hacia un costado o hacia adentro, buscar en esa vasija de la femineidad qué herramientas tiene como para poder enfrentar los ciclos vitales. La mujer irremediablemente busca ese saber heredado y si no lo encuentra busca una hermana, alguien con quien caminar ese momento o saltar al abismo.
De todos los abismos que se nos presentan la maternidad encarna un sinfín de dudas, duelos y espejos. En ese ciclo vital la mujer o se desconoce o se re encuentra o ambas a la vez, casi como un paso obligado.
Acompañar a las mujeres en el camino de ser madres es un privilegio ancestral, es un derecho divino de cada gestante y no podemos permitir que sea olvidado o vulnerado. ¿Por qué insisto en su importancia? Hemos sabido que a lo largo de la historia las mujeres habitaron ciertas labores en esto de acompañar, ellas mismas se dividían en, Parteras, eran las mujeres que atendían los partos, orientaban el cuidado de la madre y el niño, aplicaban plantas curativas, brindaban cariño y confianza.
Tenían un conocimiento heredado por sus abuelas. En cambio, la Comadrona era la mujer que acariciaba, aconsejaba y atendía durante el embarazo, en el momento de levantar al niño y cuidaba durante los 40 días a la mujer. Realizaban visitas de seguimiento, aconsejaban al núcleo familiar, le brindaban tranquilidad a la pareja y la confianza de tener a alguien con experiencia que pueda ayudar al crecimiento sano del bebé.
Las Matronas, eran aquellas mujeres que tenían el «don del conocimiento» para atender a las embarazadas. Eran las abuelas que cuidaban desde el nacimiento hasta la niñez, brindando confianza y tranquilidad. Comúnmente se llaman así a las señoras parteras de mayor edad. La influencia de las comadronas o parteras en culturas indígenas es tanta que casi todas las criaturas recién nacidas traen en sus bracitos las pulseras protectoras.
Me pregunto, ¿Qué mejor para una mujer que otra mujer? esas mujeres que se miran y se encienden, se transforman.
La sabiduría femenina de la que hablo, abarca todos nuestros ciclos (menarquia, sexualidad, embarazo, parto, maternidad, menopausia). Es así por lo que la feminidad ancestral constituye el reencuentro con una misma, a través del reconocimiento a las mujeres del linaje y conecta con la esencia de lo sagrado femenino que habita en una.
Esta conexión con el cuerpo, implica un aumento de la confianza personal, el respeto por una misma y el uso de la «intuición».
Aquí se abre un canal de contacto con los propios deseos, necesidades, miedos y ansias, que permitirá una observación directa del cuerpo para reconocer los sentires y experiencias. «Toda mujer tiene un papel fundamental en el desarrollo de la historia de su propia vida». Así lo expresa Jean Shinoda Bolen en «Las diosas de cada mujer. Una nueva psicología femenina» (2015).
Por todo esto y mucho más deseo que todas las mujeres volvamos a los círculos, volvamos a mirarnos con admiración y respeto, deseo que podamos arrancarle al discurso capitalista y patriarcal la soberanía sobre nuestro placer y volvamos a sentirnos parte de nuestro linaje.
Añoro que podamos habitar las «cosas de mujeres», los espacios de mujeres colmados de saber femenino en donde poder mirarnos y encendernos.
Maria Laura Barrera, Mujer, Doula
Maria Laura Barrera / Rocío Maidana Ávila
Doulas – Preparadoras Prenatal -Asesoras en Lactancia Materna
rmaidana.92@gmail.com / mlaurabarreramb@gmail.com
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