Algunas cosas que debemos saber sobre el suicidio

De la escucha clínica al apoyo a las familias

La Organización Mundial de la Salud identifica al suicidio y a sus intentos como uno de los problemas más graves de salud que pueden afectar a las personas. Y, es por ello, que recomienda a todos sus estados miembros que sea atendido de forma prioritaria.

El suicidio aparentemente se nos presenta como una solución permanente ante un intenso dolor emocional, mental y/o físico temporal, o para las relaciones interpersonales disruptivas. Aunque no parezca, muchas veces la desesperanza, el dolor y el vacío son estados temporales, no permanentes.

El suicidio puede ser el resultado de un acto impulsivo repentino o de una planificación muy cuidadosa. Sin embargo, la impulsividad necesaria para el acto, no persiste indefinidamente (no hay que desesperarse, ya que normalmente la persona no tiene la idea permanente en su cabeza).

La mayoría de las personas que piensan en suicidarse realmente no quiere morir, lo que desea es liberarse de las circunstancias intolerables de su vida y del sufrimiento emocional, mental y físico que siente. Por ello, que casi siempre viven en una constante ambivalencia entre razones para vivir frente a razones para morir, y es la conducta suicida la única alternativa que ven.

El reto que plantea la desesperación del suicidio es encontrar otras maneras de resolver esos sentimientos intolerables. El apoyo de la familia y/o los amigos, los tratamientos psicofarmacológicos y la psicoterapia constituyen factores muy valiosos para la prevención de la tentativa suicida y/o del suicidio consumado.

Señales de alerta

Cabe pensar que muchas personas, antes de intentar suicidarse, evidencian una serie de signos y síntomas que hacen posible la detección del riesgo suicida. Es muy importante que las familias conozcan cuáles son estas señales de alerta para minimizar el riesgo de aparición de un intento suicida en su familiar.

Estas son algunas de las señales que pueden indicarnos que alguien está pensando en acabar con su vida:

Señales de alerta verbales

Comentarios o verbalizaciones negativas sobre sí mismo o sobre su vida. EJ. “No valgo para nada”, “Esta vida es un asco”, “Mi vida no tiene sentido “, “Soy una carga para todo el mundo”, “Toda mi vida ha sido inútil”, “Estoy cansado/a de luchar”.

Comentarios o verbalizaciones negativas sobre su futuro. Ejemplo:  “Lo mío no tiene solución”, “Quiero terminar con todo”, “Las cosas no van a mejorar nunca”.

Comentarios o verbalizaciones relacionadas con el acto suicida o la muerte. Ejemplo: “Me gustaría desaparecer”, “Quiero descansar”, “No deseo seguir viviendo”, “Me pregunto cómo sería la vida si estuviese muerto”, “Quiero quitarme la vida, pero no sé cómo”, “Nadie me quiere y es preferible morir”, “No merece la pena seguir viviendo”, “Después de pensar mucho ya sé cómo quitarme de en medio”.

Despedidas verbales o escritas. EJ. “Quiero que sepas que en todo este tiempo me has ayudado mucho”.

Señales de alerta no verbales

Cambio repentino en su conducta. Este cambio puede ir en dos sentidos:

Aumento significativo de la irascibilidad, irritabilidad,  ingesta de bebidas alcohólicas en cantidades superiores a las habituales y con una frecuencia inusual.

Sin embargo, puede existir un periodo de calma y tranquilidad repentino cuando previamente ha presentado gran agitación. Ante esto, considerar la situación como una mejoría de su familiar podría ser un error; puede constituir una señal de peligro de riesgo inminente de suicidio.

Aparición de laceraciones recientes en alguna de parte del cuerpo.

Regalar objetos muy personales, preciados y queridos.

Cuando una persona detecta en su familiar una o más de las señales de alerta referidas o piensa que su familiar se encuentra en una situación potencial de riesgo suicida, deberá poner en marcha distintas estrategias preventivas igualmente importantes

ESTRATEGIA 1: Tener disponible unos teléfonos de emergencia o ayuda.

Es muy importante que contemos con el apoyo de los distintos agentes preventivos: médicos, psiquiatras, psicólogos, enfermeros, trabajadores sociales, familiares y amigos.

En caso de riesgo: Llamar a los Servicios de Emergencias Médicas. Acudir a Urgencias del Hospital más cercano. En caso que reciba tratamiento psiquiátrico, hay que ponerse en contacto inmediato con su especialista de referencia, llamándole por teléfono o personándose en el centro de atención correspondiente.

Informar a las personas más cercanas de la situación que está atravesando su familiar y de la importancia de darle apoyo.

ESTRATEGIA 2: Limitar el acceso a posibles medios lesivos.

Tener siempre presente que las personas suelen utilizar aquellos medios letales que son accesibles y más conocidos

ESTRATEGIA 3: No dejarle solo: involucrar a las familias y a los amigos.

Los sentimientos de desesperanza, la impulsividad y el aislamiento social son factores que combinados multiplican el riesgo de suicidio y sincronizan la acción. Además, sabemos que la recuperación tiene su propio tiempo y que esta muchas veces no es percibida cognitivamente por la persona afectada.

El aislamiento es incompatible con la oportunidad que pueda tener una persona para expresar su estado emocional a otra que le pueda proporcionar una visión más realista y ajustada sobre sí mismo y sus circunstancias. Un estilo de vida aislado también priva a las personas de la comprensión y el cuidado que podrían recibir de familiares y amigos.

ESTRATEGIA 4: Mejorar las habilidades: preguntar y escuchar.

Preguntar sobre la existencia de las ideas suicidas no incrementa el riesgo de desencadenar este tipo de acto y puede ser la única oportunidad, tal vez la última, de iniciar las acciones preventivas.

Escuchar a nuestro familiar sobre sus pensamientos y emociones relacionadas con la conducta suicida aliviará su tensión, le haremos ver que nos preocupa y que deseamos ayudarle

Es muy importante: No juzgarle. No reprocharle su manera de pensar o actuar.

Tomar las amenazas en serio, no criticar, no discutir, no utilizar sarcasmos, ni desafíos. Minimizar sus ideas es una actitud equivocada.

No entrar en pánico. Adoptar una disposición de escucha auténtica y reflexiva.

Asimismo, comprender que, por muy extraña que parezca la situación, nuestro familiar atraviesa un momento muy difícil en su vida.

Emplear términos y frases amables y mantener una conducta de respeto (Ej “Me gustaría que me dieras una oportunidad para ayudarte”).

ESTRATEGIA 5: Autocuidado de la familia y del entorno.

La familia debe estar contenida para poder adoptar la función de alerta por la persona. Deben solicitar ayuda especializada.

Por: Sandra Martínez

Lic. en Psicología

Clínica en Neurodearrollo

Sandra Martínez

Evaluación y diagnóstico neuropsicológico de N/A y adultos Diplomada internacional en Therapeutic Assessment Institute. sandra_3309@hotmail.com

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *