A las palabras… ¿se las lleva el viento?

En un contexto caracterizado por la inmediatez, este artículo invita a explorar sobre nuestra relación con la palabra y sus diversas manifestaciones. ¿Qué sucede con aquello que vemos, oímos y decimos?

Mientras escribo, pienso en todas las veces que he escuchado la expresión “a las palabras se las lleva el viento”. El dicho pareciera ofrecer una suerte de alivio retrospectivo, como si aquello que fue dicho y oído pudiera disolverse en el aire y, con ello, su peso, sus consecuencias y la responsabilidad de quien enuncia.

El impacto en nuestro ser de aquello que decimos y escuchamos es innegable. Si algo caracteriza al ser humano es su capacidad de diálogo y los mundos que ese intercambio posibilita. El lenguaje no solo comunica ideas, sino que también construye vínculos, habilita sentidos, deja marcas y huellas. A través de las palabras nos exponemos, nos reconocemos, nos transformamos. Constituimos realidad. Construimos una vida.

Sin embargo, nuestra relación con la palabra, el decir, ha cambiado en los últimos tiempos. Por momentos se vuelve difícil reconocernos en lo que expresamos. En muchos casos, el compromiso con lo prometido se diluye. Los chats en línea, los mensajes breves y la posibilidad de acelerar audios son apenas algunos ejemplos de cómo la comunicación se presenta, a veces, como fugaz y sin espesor. Se instala así la impresión —errónea— de que lo dicho no deja huella, de que da lo mismo una cosa que otra.En ese movimiento queda también en el camino la posibilidad de reflexión, que implica tiempos, esperas y permeabilidad. Estos escenarios forman parte de la vida cotidiana.

¿En qué momento perdimos de vista que las palabras tienen un impacto directo en la vida que habitamos? Recuperar la dimensión real de lo que se expresa —y también de lo que se decide oír— resulta fundamental.

La intención de las palabras a veces puede no ser real, pero sus efectos sí lo son. Tal vez sea necesario recuperar una relación más consciente con el decir y con el escuchar: restituirles compromiso, devolverles seriedad, asumir su alcance. Recordar la sensibilidad que nos recorre. Exigirnos menos perfección y cuidarnos más.

Manuela All

Lic. en Psicología Psicoanalista Con formación en psicodiagnóstico Actualmente en formación en Derecho Penal

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