Muchas veces los chicos nos ponen a prueba, y a la hora de marcar un límite la sensación de culpa muchas veces nos hace retroceder.
La palabra límite proviene del latin y se la usa para frenar determinadas conductas. Pero debemos entender este concepto como parte de la Educación que este niño esta recibiendo.
En ciertas ocasiones, los chicos hacen cosas que no imaginábamos, o que no esperábamos de ellos. No por eso debemos pensar que todo lo que hemos intentado transmitirles fue en vano, ya que siempre existen influencias ajenas al entorno familiar.
La televisión es un claro ejemplo, ya que los chicos observan muchos modelos de familia distintas a la nuestra, en donde la comunicación es diferente, la interacción entre los integrantes también lo es, los hábitos, etc.
Es muy posible que los niños intenten introducir en nuestro modelo familiar algo de lo que han observado.
Por ejemplo, si han visto que los hijos del vecino acostumbran a hacer algo que en casa no se hace, es probable que lo reproduzcan en nuestro entorno.
En primer lugar debemos tener muy presente que el discurso de los padres debe ser coherente, es decir, que ambos deben coincidir.
El lenguaje siempre debe acompañar la acción, al igual que el tono. No es lo mismo decir NO!!!! cuando un chico intenta tocar un enchufe, que usar un tono suave de voz para decirle que no es bueno que lo haga.
Más allá de situaciones que tienen que ver con la seguridad y protección de los niños, muchas veces sentiremos que ellos nos desafían.
Volviendo al ejemplo del enchufe, hay quienes van intentar tocarlo en reiteradas ocasiones, una y otra vez. Mamá y papá deberán tener el mismo discurso siempre, y ese NO deberá ser pronunciado con énfasis. No es para que tenga miedo, tampoco para que se asuste, pero debe ir incorporando el concepto del Respeto.
Con el tiempo entenderá que solo se trataba de cuidarlo y protegerlo.
Los límites deben ponerse en familia, deben ser conversados, consensuados y comprendidos ya que es bueno explicar por qué NO debe hacerse determinada cosa.
Esta puesta de límite no debe inquietarnos, al contrario, es signo de preocupación por ellos.
Pero hay situaciones que nos preocupan y es cuando aparece un berrinche, un llanto aparentemente inmotivado o una travesura que nos sorprende.
Es allí donde no debemos sentir angustia y mostrar nuestro descontento y enojo si lo hay.
Siempre hay que acompañar a nuestro lenguaje hablado, nuestro lenguaje gestual. Si decimos que estamos enojados porque dibujaron una pared con crayones también hay que mostrarse enojado, o molesto, y explicar qué cosa no está bien.
Si el berrinche continúa, hay que buscar un lugar de la casa para patalear, y seguir llorando, algún lugar permitido para esos momentos.
Pero esos lugares deben ser consensuados previamente. Podemos ir nosotros incluso, a llorar por la pared pintada!
Cuando estos límites no logran terminar con estos episodios, habrá que recurrir a distractores, que no operen de ninguna manera como premio o castigo, sino que provoquen distraer al niño y sacarlo del berrinche.
Nunca gritar. No perder la calma y esperar a que el episodio finalice.
No hay que tener temor de poner un límite ya que es una forma más de amar.
Lic. Valeria Alba Posse.
Psicopedagoga
15-6498-4425
Foto: elpsicoasesor.com

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida.
Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan.
info@somosinfancia.com.ar
Ig: @revista.somosinfancia

