El desafío silencioso de sostener a los hijos, acompañar a los padres mayores y encontrar un espacio para uno mismo. Por ello abordamos a la generación sándwich: cuidar a todos, pero, ¿quién cuida a quienes cuidan?
Un reciente informe del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, titulado Cuidar y ser cuidado, pone en evidencia una realidad que atraviesa cada vez más hogares, los adultos de mediana edad que cuidan hijos, padres y nietos.
Son adultos que deben responder, al mismo tiempo, a las necesidades de dos generaciones: sus hijos y sus padres mayores. En algunos casos, cuidar a nietos, colaborar económicamente con hijos, siguen trabajando, organizando la vida familiar, y, muchas veces, postergan sus propias necesidades. Esta realidad tiene un nombre: generación sándwich.
Según el relevamiento, el 20 % de las personas encuestadas realiza alguna tarea de cuidado de un familiar. Mientras que una de cada ocho personas cuidadoras atiende simultáneamente a menores y adultos mayores. 4 de cada 10 cuidadores principales experimentan una sobrecarga intensa. Finalmente, las mujeres representan el 60 % de las personas cuidadoras relevadas.
Esta realidad pone de manifiesto la dificultad social para modificar dinámicas familiares que asocian a las mujeres con el trabajo de cuidadoras de la familia, con la consecuente carga mental. Además de las tareas de cuidado, la sobrecarga tiene que ver con anticipar necesidades. También recordar compromisos, coordinar horarios, organizar recursos y estar pendientes de que todo funcione.
Necesitar descanso, tiempo de ocio y aceptar los propios límites no es falta de amor o egoísmo, sino condiciones necesarias para continuar con las tareas personales cuidando la propia salud.
Cuando una persona siente que todo depende de ella, el cuidado amoroso se convierte en una carga difícil de llevar y es necesario poner sobre la mesa la posibilidad de distribuir responsabilidades y evaluar posibilidades para delegar tareas en terceras personas. La dificultad no radica en cuidar a quienes amamos. El problema aparece cuando el cuidado deja de ser una responsabilidad compartida.
Cuando alguien se convierte en el sostén permanente de todos, puede perder de vista sus propios proyectos, necesidades y deseos. Por eso, es importante recuperar espacios personales, sostener vínculos significativos fuera de la familia y pedir ayuda cuando la carga resulta difícil de llevar.
Se presentan dos dificultades, que el cuidador asuma la posibilidad de que otros ayuden y que el resto de la familia comprenda que es necesario involucrarse. El desafío consiste en que la familia logre acuerdos, se distribuyan las tareas, tender redes de apoyo o buscar ayuda de terceros. Aceptar que no todos van a dar lo mismo, pero sí cada uno puede aportar algo.
Desde una perspectiva familiar, la generación sándwich nos invita a reflexionar sobre cómo se organizan los vínculos, cómo se distribuyen las responsabilidades y qué lugar ocupa cada persona dentro del sistema familiar.
No se trata de elegir entre cuidar a los padres o acompañar a los hijos. Se trata de encontrar formas más humanas y sostenibles de hacerlo.
Cuidar a quienes cuidan es también cuidar a las familias. Y comprender que la persona que sostiene a los demás necesita, a su vez, una red que la sostenga. Es un primer paso para construir vínculos más saludables, solidarios y sostenibles.

Orientadora Familiar
IG: @lucianamazzei.orient.familiar

