Habitar la psicopedagogía: hacerle lugar al otro

Septiembre es, para quienes habitamos el campo de la psicopedagogía, un mes que invita a detenernos y mirar aquello que hacemos. El 17 de septiembre celebramos el Día de la Psicopedagogía, enmarcado en un mes históricamente asociado a la educación. Y es justamente allí donde aparece una pregunta que incomoda, pero que resulta necesaria. ¿Somos únicamente profesionales de la educación o también somos efectores de salud mental?

Durante mucho tiempo, la psicopedagogía quedó ligada casi exclusivamente al ámbito educativo, como si nuestro hacer comenzara y terminara en la escuela, en el aula, en la carpeta o frente a una dificultad para aprender. Sin embargo, nuestra práctica nos muestra que el aprendizaje no sucede solamente allí. Aprender implica al sujeto entero: su historia, sus vínculos, sus emociones, sus modos de habitar los espacios, de pensarse y de inscribirse en el mundo.

La psicopedagogía, como ciencia que estudia el aprendizaje, también puede pensarse como un modo de mirar y de estar en la vida. Pero aquí aparece una tensión que vale la pena sostener: solemos escuchar que «todo en la vida es aprendizaje».

¿Realmente todo lo que nos sucede se transforma en un aprendizaje?. Hay experiencias que quizás no enseñan, al menos no inmediatamente. Hay pérdidas, encuentros, frustraciones y acontecimientos que simplemente suceden, que nos atraviesan y que no siempre pueden convertirse en una enseñanza. Tal vez el desafío no sea encontrar un aprendizaje en cada experiencia, sino preguntarnos qué hacemos con aquello que nos pasa y qué lugar ocupa en nuestra historia.

Porque aprender también es mucho más que adquirir contenidos. Los vínculos se aprenden. Nombrar y sentir las emociones se aprende. Aprender a decir, a hablar y también a callar. A pedir, a poner límites, a esperar. A leer un libro se aprende, pero también se aprende a leer lo que le pasa a un otro, a interpretar una mirada, a reconocer una necesidad, a empatizar. Hay aprendizajes que no quedan escritos en ninguna carpeta y, sin embargo, sostienen la posibilidad de estar con otros y de estar en el mundo.

En ese sentido, el aprendizaje, como el deseo, puede pensarse como un motor invisible de la humanidad: aquello que nos impulsa a buscar, construir, transformar y encontrar nuevos sentidos.

Habitar la psicopedagogía es llevar esa mirada más allá de los límites del trabajo. Es reconocer que hay psicopedagogía en la vida cotidiana, en las formas de acompañar, de escuchar, de esperar, de preguntar y de ofrecer otras posibilidades. Porque aprender pasa por múltiples aristas y porque, probablemente, haya tantas psicopedagogías como psicopedagogos: cada profesional construye una manera singular de mirar al sujeto y de acompañar sus procesos.

En ese encuentro, uno de nuestros mayores desafíos es poder mirar al sujeto más allá del diagnóstico. No quedarnos solamente con aquello que «tiene», sino preguntarnos quién es, qué piensa, qué siente, qué desea, cómo se vincula y cómo se inscribe en el mundo.

Porque antes de pensar cómo escribe en una hoja, quizás necesitemos preguntarnos cómo logra inscribirse él mismo en ese mundo. Antes de observar cómo se organiza en una carpeta, comprender cómo puede organizarse en su contexto cotidiano. Antes de pensar cómo aprende en el aula, conocer cómo aprende, juega, se vincula y construye sentido en su vida.

En tiempos en los que la inteligencia artificial puede reemplazar, acelerar o facilitar innumerables tareas, hay algo que continúa siendo irremplazable: el ojo clínico y humano de quien acompaña a aprender y a aprehender. Esa mirada que puede detenerse en un gesto, escuchar un silencio. También advertir una posibilidad allí donde otros solo ven una dificultad y construir, junto al otro, una pregunta nueva.

Quizás por eso no haya nada más amoroso que hacer psicopedagogía. Porque, en definitiva, hacer psicopedagogía es hacerle un espacio al Otro. Un espacio para que pueda decir, pensar, sentir, equivocarse, construir sentidos y encontrar una manera propia de aprender y de habitar el mundo.

Y tal vez allí, precisamente allí, se encuentre la esencia de nuestra profesión: no solamente enseñar a aprender, sino acompañar a alguien para que pueda encontrar un lugar desde el cual hacerlo.

Rosario Mastrángelo

Licenciada en psicopedagogía. MP:198.719 Prevención, evaluación y tratamiento de problemas de aprendizajes. Orientación a padres. Evaluación neurocognitiva.

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