La importancia del reconocimiento y la palabra positiva en el aula

¿Alguna vez escuchaste hablar del efecto Pigmalión? Este fenómeno nos explica que las expectativas que los profesionales de la educación tenemos respecto a nuestros alumnos guardan una estrecha relación con lo que aprenden. Impacta, ¿no? Estas expectativas pueden ser explícitas o implícitas. Es decir, se le puede decir a un alumno que “siempre le sale todo mal” o que “la pregunta que hizo no era importante”. Pero también podemos comunicarnos sin palabras, a través de gestos, miradas o actitudes. Del mismo modo, una palabra positiva, un reconocimiento sincero o una mirada de confianza pueden abrir puertas al aprendizaje y fortalecer la autoestima del alumno.

Por supuesto, el “éxito” del aprendizaje no depende únicamente de las expectativas docentes: intervienen también factores del propio alumno, como su contexto familiar y social, sus desafíos y sus posibilidades. Sin embargo, es importante destacar que las expectativas del docente están directamente relacionadas con la calidad del aprendizaje que los alumnos logran alcanzar.

No es posible aprender en un aula donde las emociones que se perciben, circulan y se construyen son negativas, ni cuando la relación con quien enseña carece de valor personal. Las emociones, el reconocimiento y la palabra positiva construyen el clima emocional del aula. Emoción y vínculo están profundamente conectados. Por eso, es fundamental atender también a la emoción del alumno: identificarla, nombrarla y visibilizarla.

Los docentes estamos constantemente dando feedback a nuestros alumnos: cuando miramos, gesticulamos, corregimos, ponemos una nota o redactamos una apreciación. En este sentido, es esencial ser conscientes de los mensajes que transmitimos, tanto verbal como no verbalmente. Para que ese feedback sea efectivo, debe centrarse en las cualidades individuales de cada alumno, evitando comparaciones. Además, conviene ofrecer orientaciones concretas sobre cómo mejorar, poniendo el foco en qué y cómo aprende. El feedback es un momento clave donde se puede producir el verdadero aprendizaje. Por eso, debemos cuidar el modo, el lugar y el momento en que lo brindamos. Un reconocimiento oportuno y una palabra alentadora pueden ser la chispa que motive a seguir aprendiendo.

Trabajar sobre las expectativas, el vínculo y el clima emocional en el aula es fundamental para acompañar el aprendizaje de nuestros alumnos. Ayudarlos a descubrir que sí pueden, confiar en ellos para que luego puedan confiar en sí mismos. Cada gesto de reconocimiento y cada palabra positiva les recuerda que son capaces, que pueden aprender, crecer y superarse. Porque enseñar no es solo transmitir conocimientos, sino también creer en las posibilidades de quien aprende.

Micaela Colombo

Psicopedagoga

Micaela Colombo

Lic. Psicopedagogía | Docente Aprendizaje y Desarrollo Infantojuvenil Orientación Vocacional Evaluación y Tratamiento: Abordaje Neurocognitivo IG: @adin.aprendizaje

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