El costo invisible de criar en soledad

Salud mental en familias monoparentales

Quienes criamos solas o solos cargamos con múltiples tareas, pero también con emociones profundas que muchas veces no se dicen: miedo, culpa, angustia, agotamiento. Desde mi lugar como psicóloga y mamá monoparental, quiero hablar de lo que no siempre se nombra, pero que duele. Y que también puede transformarse. Hoy: El costo invisible de criar en soledad.

Una imagen sencilla: estás intentando terminar un informe mientras tu hija te interrumpe por tercera vez. Te sentís al borde, pero no hay a quién pedir ayuda en ese momento. No es un caso aislado: es la vida cotidiana para muchas familias monoparentales. Y es también la mía.

Criar en soledad, aunque sea una elección consciente y amorosa, implica atravesar un duelo. Para algunas personas, ese duelo tiene que ver con una separación o una pérdida. Para otras, con un deseo de maternar o paternar que no fue compartido por las parejas que tuvieron. En mi caso, el deseo de ser madre fue más fuerte que cualquier miedo, pero no fue acompañado. No importan tanto los detalles: lo que compartimos es el impacto emocional que deja ese camino en solitario.

Ese impacto muchas veces es silencioso. Porque hay que seguir. Porque alguien depende de vos. Porque no podés permitirte frenar. Así, la carga mental se acumula: decisiones grandes y pequeñas, horarios, turnos, trámites, tareas escolares, angustias nocturnas. Todo recae sobre una sola persona. Y eso pesa.

En mi experiencia como psicóloga —y como mujer que cría sola— veo cómo ese peso se transforma en ansiedad, culpa, insomnio, tristeza funcional. No porque seamos frágiles, sino porque es humanamente imposible sostenerlo todo sin consecuencias. A veces seguimos adelante como si nada, hasta que el cuerpo o el ánimo nos pasa la cuenta. Y ahí entendemos que no podemos más. Que hace mucho no podíamos.

A todo esto se suma el peso económico. Criar en soledad también implica sostener un hogar con un solo ingreso, resolver imprevistos sin respaldo y muchas veces postergarse para que a los hijos no les falte nada. El estrés financiero no es menor: se cuela en cada decisión diaria y en cada noche sin dormir. Y aunque se normaliza, también agota.

A eso se suma la soledad emocional. No tener con quién compartir el cansancio, ni una charla profunda a la noche. No es solo estar físicamente sola, es no tener red para sostenerte cuando estás quebrada. Es irte a dormir sin haber dicho en voz alta lo que sentís.

Yo sé lo que es estar ahí. Y por eso elegí dedicar mi práctica clínica a acompañar a quienes transitan estas experiencias. Porque yo también hubiera necesitado herramientas que no tenía. Hubiera querido alguien que me dijera: “no estás exagerando, esto que sentís es real y válido”. Hubiera necesitado espacios de descanso emocional, permisos para no poder con todo, una mirada que aliviara.

Hoy trabajo para ofrecer eso que me faltó. Para acompañar desde la empatía, pero también desde la experiencia. Para que quienes crían en soledad puedan dejar de hacerlo sin red. Porque nadie debería cargar tanto, ni sentirse tan sola.

Criar en soledad no debería significar cargar con todo. Podés pedir ayuda. Podés aflojar. Y podés sentirte mal, sin culpa. Acompañarte también es mi forma de decirte: no estás sola.

Por: Lic. Marisa Krasnoff

Psicóloga / Especialista en familias monoparentales

mkrasnoff@hotmail.com

Somos Infancia

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida. Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan. info@somosinfancia.com.ar Ig: @revista.somosinfancia

También te puede interesar

2 comentarios sobre «El costo invisible de criar en soledad»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *