Ansiedad en los vínculos

Lo aprendido en la infancia sobre el amor

La ansiedad en las relaciones puede presentarse como una experiencia común. Muchas veces podemos sentirnos ansiosos ante la espera de un mensaje que no llega, en la necesidad de agradar, en el miedo a incomodar o también a perder el afecto de alguien importante. Pero detrás de esa ansiedad se esconde una autoestima herida, que comenzó a formarse en los primeros años de vida. Hoy: Ansiedad en los vínculos

La autoestima es nuestro autoconcepto, la percepción que tenemos de nosotros mismos. Que se va moldeando a través de las interacciones con nuestros primeros vínculos: madres, padres, abuelos, u otras figuras significativas.
Cuando de niños somos mirados, contenidos, escuchados, y validados, comenzamos a desarrollar nuestra personalidad y una imagen interna de nosotros mismos como “merecedores de amor”. Esa mirada amorosa, repetida en el tiempo, se convierte en la base de una autoestima sólida. Por el contrario, cuando el cuidado recibido fue distante, errático o excesivamente demandante, el mensaje internalizado suele ser otro: "algo en mí no es suficiente para que me amen", el amor se percibe como algo que debe ganarse, nos cuesta ser auténticos, y la vulnerabilidad se confunde con debilidad.

Así, comenzamos a adaptarnos; dejamos de expresar lo que sentimos, intentamos complacer, y rendimos examen de forma constante para ser aceptados. Este modo de vincularnos en la infancia, se transforma en ansiedad relacional en la adultez. Y sentimos que no podemos relajarnos, tenemos miedo de no estar a la altura, de decir algo fuera de lugar, de perder el afecto si no respondemos como se espera.

Estas conductas responden a una respuesta emocional aprendida en contextos donde el amor estaba condicionado, o donde ser uno mismo no era suficiente.

Lo importante es reconocer que estos patrones pueden transmitirse de manera inconsciente a través de generaciones. Ya que quienes nos cuidaron también tuvieron sus propias heridas y limitaciones.

Si no queremos repetir la historia, debemos trabajar en nosotros y tener vínculos conscientes que nos ayudarán a reconstruir una autoestima saludable. Y así, crear nuevas maneras de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Lo que implica aprender a hablarnos con compasión, validar nuestras emociones, poner límites sin miedo y ser auténticos aún en el desacuerdo.

Cuando nuestra autoestima empieza a sanar, la ansiedad en los vínculos se transforma, ya no buscamos la aprobación constante y comenzamos a elegir desde el deseo, dejando atrás miedos e inseguridades.

Por: Claudia Malvaso

Lic. En Psicología

malvasoclau@gmail.com

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