En notas anteriores hablé de vulnerabilidad y de duelo gestacional y perinatal. Dos temáticas que a priori parecen no estar conectadas pero sin embargo la infertilidad y los duelos gestacionales fueron para mí, mis momentos más vulnerables.
Durante cinco años fui una madre invisible, de esas que luchan con la infertilidad y que no son reconocidas socialmente como madres.
Infertilidad es cuando se logra el embarazo, pero éste se interrumpe y se produce un aborto espontáneo. En mi vientre se detuvieron tres corazones, junto a mi marido escuché tres veces la frase “No hay latidos” sin saber todo lo que eso implicaría. Ni contarles lo desgarrador que es ir a una ecografía para ver a tu bebé moviéndose y que te digan que está muerto.
Fueron cinco años de profundo dolor, de vulnerabilidad. Emociones de todo tipo: tristeza, enojo, frustración, aislamiento, incomprensión, ansiedad, estrés, desconcierto, incertidumbre y podría seguir enumerando. Convivir con la incertidumbre fue de lo más complejo, no saber si algún día seríamos mapadres, si el próximo embarazo llegaría a término, organizar nuestra vida en pos de tiempos médicos que no comprendíamos.
Teníamos lo que se denomina infertilidad sin causa aparente, es decir, los embarazos se detenían pero no se sabía por qué. Lidiar con la incertidumbre era sumamente estresante y producía un desgaste emocional que se sentía devastador. Cada búsqueda de embarazo era aterradora. Nuestra vida se quedó en stand by, totalmente condicionada a nuestro proyecto de ampliar la familia. En el camino de vulnerabilidad perdimos muchas cosas… viajes, disfrute en pareja, amigos, trabajos, ahorros y por su puesto perdimos a nuestros hijos y el futuro que íbamos soñando con cada test positivo.
En esos años, pasamos dos legrados, un parto en casa, terapia individual y de pareja, conocimos genetistas, hematólogas, cambiamos de obstetra y muchas cosas más y es por eso que si me lo permiten, hoy quiero darle algunos consejos a quienes estén pasando por algo similar.
Pidan estudiar al varón, se pierde mucho tiempo poniendo sólo el foco en la mujer.
Busquen un médico obstetra que pueda contenerlos con lo que van sintiendo. Alguien especializado en embarazo de alto riesgo puede ser de gran utilidad.
Ahorren dinero, porque se gasta mucho en estudios y procesos de alta complejidad que nos son cubiertos por obras sociales.
Hablen de lo que les pasa, es muy difícil sostenerse en la pareja cuando ambos están en duelo y con el corazón roto.
Conversen para saber si quieren seguir intentándolo o desean tomar otras decisiones.
Pidan ayuda psicológica. Hoy me súper motiva acompañar dificultades reproductivas en mi rol de counsellor.
La infertilidad fue para mí, un camino duro que me arrebató muchas cosas pero también me dejó muchos aprendizajes. De ésto, seguramente escriba en próximas notas. Los abrazo.
Continúa en próxima edición…
Patricia Peruzzo

Counsellor, Docente, formada en grafología, Contadora Pública

