Somos Vale y Luz, hace unos años nuestra profesión nos cruzó y hoy, en el Mes de la Psicopedagogía, queremos contarte sobre ella y nosotras.
En nuestro país, el 17 de septiembre se celebra el Día de la Psicopedagogía, pero muchos se preguntan, ¿Qué hace una psicopedagoga? ¿Trabaja solo con niños? ¿En qué ámbitos puede trabajar?…
La Psicopedagogía trabaja sobre la persona en situación de aprendizaje, situación que no se da solo durante la edad escolar sino toda la vida. Responde a cuestiones sobre ¿cómo aprendemos? ¿Cómo varía el aprendizaje según la etapa evolutiva? ¿Por qué pueden aparecer dificultades en el aprendizaje y cómo reconocerlas? ¿Qué hacer para intervenir, prevenir y promover procesos de aprendizaje que tengan sentido y dejen huella?
En este sentido, la tarea psicopedagógica no se limita a la escuela; también abarca el ámbito familiar, comunitario, social, vocacional y empresarial. Allí donde una persona aprende, puede haber un/a psicopedagogo/a acompañando (Sí… también hay psicopedagogos hombres.).
Soy Vale, y hace más de 20 años elegí estudiar Psicopedagogía… primero en el terciario de Junín (Bs. As.) y luego continuando mi Licenciatura en la Universidad de Flores, y de allí diferentes especializaciones… en especial el proceso de alfabetización y dislexia. Confieso que no fue una elección planeada desde siempre… Hoy, mirando hacia atrás, veo que mi vocación de servicio se transformó en pasión. Y el ser mamá también impactó en mi ser y hacer psicopé.
Soy Luz, mi camino es similar al de Vale en cuanto a formación inicial, habiendo primero estudiado en un instituto terciario, y luego la Licenciatura en la Universidad Católica Argentina. Después hice el profesorado superior en psicopedagogía, una Beca en perfeccionamiento en Salud Mental Pediátrica en el Hospital Italiano, y formación en Orientación Vocacional en la Universidad de San Isidro Labrador. También infinitos cursos y formaciones no tan formales. Hoy me dedico a la clínica y la orientación vocacional. La maternidad también cambió mi quehacer psicopedagógico.
En todos nuestros años de recorrido hemos transitado múltiples espacios de intervención. Cada una trabaja desde diferentes áreas: desde primeros años que se ven desafíos el sus primeros aprendizajes, en ese escolar que acompañamos en su trayectoria, al terminar la secundaria en búsqueda de un nuevo camino vocacional… elaborando materiales didácticos, acompañando a docentes o colegas que recién se inician en este camino tan bello. Y en cada uno de esos espacios recorridos confirmamos que la psicopedagogía es muy amplia, humana y transformadora.
También a lo largo de este camino andado confirmamos que el trabajo en red y la colaboración interdisciplinaria no sólo enriquecen nuestra práctica, sino que también nos potencian como profesionales.
Como te contábamos al inicio de esta nota, hace unos años la vida profesional nos cruzó; y hoy, cada una desde su propio hacer psicopedagógico, acompaña a niños, adolescentes, jóvenes, familias, docentes y profesionales en distintos momentos de sus recorridos. Y cuando la situación lo requiere, las derivaciones y el trabajo conjunto nos permiten ofrecer un abordaje más completo, humano y efectivo.
Aprendimos que hacer psicopedagogía es acompañar… no es solo brindar herramientas técnicas, sino también emocionales y humanas. Y ese es el motor que nos impulsa: contribuir a que cada niño, adolescente, adulto o adulto mayor; que cada familia, cada comunidad pueda crecer en un entorno de aprendizajes significativos y saludables. También aprendimos que nunca hay que perder el eje de que estamos trabajando con personas, que poseen emociones, un contexto y que nada es aislado.
Ser psicopedagogas no es solo tener un título y especializaciones, ser «psicopés» es nuestra manera de mirar la vida: con la certeza de que todos podemos aprender y enseñar en relación con otros.
Por: Valeria Manila y María Luz Pose
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