Orientación Familiar, una profesión que puede hacer la diferencia

Una familia cualquiera, un barrio cualquiera, un entorno cualquiera, allí hay un adolescente sufriente. Hay un adolescente que ha carecido del amor necesario para crecer sanamente en un mundo que cada día nos desafía más a luchar con un sinfín de propuestas que atentan contra nuestra salud mental y física. Y por estos motivos, contamos con la Orientación Familiar.

Este pequeño hombre podría escribir algo así: “Yo no quería llegar a esto, mamá, yo no quería papá, pero los busqué, los busqué tanto!!! Mamá, vos salías todo el tiempo, siempre apurada, a veces pasaba dos días sin verte. Y vos papá, venías de trabajar y encendías la tele con un vaso de vino y no querías escuchar nada. No recuerdo comidas juntos, compartiendo la mesa. Cada uno llegaba, se hacía lo que había en la heladera (a veces no había nada) y comía solo, donde encontraba lugar. Los platos se amontonaban sucios y entonces ahí escuchaba tu voz mamá, tus gritos en realidad, que vos no podías con todo, que nadie te ayudaba, que estabas sola para todo… quisiera que siempre estuviera todo sucio, así por lo menos te escuchaba.

Tengo tantas palabras sin decir, las tengo todas guardadas, a nadie le interesa. Me gustaba una chica, mamá y papá, pero no sabía tratarla, no sabía conquistarla, entonces me ganaron de mano, y se fue con otro. Y yo lloré solo y nadie me escuchó. Un día me ofrecieron algo que me hacía olvidar de todo, que me hacía sentir un super hombre. Y acepté, y me gustó, era otro mundo, sin gritos, sin abandono, donde no estaba solo, había muchos que nos reuníamos para consumirla. Estábamos todos juntos y compartíamos un lugar, en la calle, con el frío, la lluvia, pero unidos por algo, consumir.

Un día tuvimos que salir a robar para conseguir más, y lo hice; perdón mamá, perdón papá, pero ustedes nunca estaban. Eso era lo único que me daba ganas de levantarme, salir a buscar droga.

Finalmente me llevó la policía mamá, y estoy solo en una celda necesitando tus abrazos que nunca tuve, tu consejo papá, que nunca tuve. Y acá me tratan mal, pero me tratan, de alguna manera existo, soy alguien. Yo no quería mamá, yo no quería papá, los quería a ustedes, pero nunca los tuve……”

Considerando a la familia como la base de la sociedad, dónde se aprenden los valores y principios fundamentales que van a regir la vida del individuo. Nos encontramos con problemáticas cada vez mayores referidas al uso y abuso de sustancias, maltrato, abandono, soledad, suicidio…entre otras.

Lejos de ser un lugar de apoyo, cuidado y amor, la familia tiende a convertirse en un conjunto de personas que viven bajo el mismo techo, con total desconexión entre ellos.

Se han perdido las demostraciones de cariño, el contacto físico, el hablar mirándose a los ojos, las charlas lejos de las pantallas. Lo que significaría para los hijos, considerar su casa un hogar, el lugar seguro adónde siempre quieren volver, encontrando un ambiente de amor y comprensión.

El desapego, el desinterés, el destrato a los hijos, es también una forma de violencia.

Los orientadores familiares, como profesionales especializados en temáticas de familia, estamos preocupados por todo lo que a ella concierne y tenemos herramientas para mitigar este flagelo que azota a las familias.

Por: María Rita Gaspé

Orientadora Familiar

María Rita Gaspé

Orientadora Familiar.

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