La gratificación instantánea, ¿queremos todo ya?

La gratificación instantánea tiene que ver con esa necesidad de obtener algo que queremos en el momento, sin tener que esperar demasiado. Muchas veces elegimos lo que podemos disfrutar ahora, aun sabiendo que, si esperamos un poco más, podríamos obtener algo que realmente nos resulte mejor.

Desde la psicología, este fenómeno se relaciona con el llamado descuento por demora (delay discounting): cuanto más lejos percibimos una recompensa, menos atractiva puede resultarnos en comparación con aquello que tenemos disponible inmediatamente.

Podemos pensarlo con algo muy simple: si nos ofrecen $10.000 hoy o $15.000 dentro de un mes, ¿qué elegiríamos? En principio, parece conveniente esperar. Pero cuando aparece la posibilidad de tener algo ahora, la espera puede empezar a sentirse demasiado larga.

Y quizás ahí aparece una pregunta que, de una u otra manera, nos atraviesa: ¿realmente queremos todo ya o nos estamos acostumbrando a no esperar?

Hay algo que, no como psicóloga, sino simplemente como persona, me pasa bastante seguido: las ganas de tener todo ya. Vivimos tan acostumbrados a la inmediatez que muchas veces terminamos eligiendo aquello que podemos obtener rápido, sin detenernos demasiado a pensar si eso es realmente lo que queremos.

Me pasa, por ejemplo, cuando tengo ganas de comer algo y aparece la posibilidad de pedir comida y tenerla en unos minutos, en lugar de esperar, cocinar y preparar algo casero. Y no se trata de decir que una opción es buena y la otra mala, ni de demonizar la comida rápida. Lo interesante está en observar qué sucede cuando aparece la espera: esa pequeña incomodidad que nos lleva a pensar “¿para qué esperar si puedo tenerlo ahora?”.

Y la comida es solamente un ejemplo. Podemos pedir algo y recibirlo en pocas horas, mirar una serie completa en un fin de semana, comprar algo con un solo clic o encontrar la respuesta a casi cualquier pregunta en cuestión de segundos. Incluso cuando alguien tarda en responder un mensaje, la espera puede sentirse incómoda.

La tecnología no inventó nuestra necesidad de gratificación, pero sí construyó un entorno en el que la espera es cada vez menos necesaria. Muchas cosas que antes requerían tiempo, esfuerzo o paciencia hoy están disponibles casi de inmediato. Y cuando nos acostumbramos a eso, esperar puede empezar a sentirse como una molestia, en lugar de ser simplemente parte del proceso.

Esto no significa que tengamos que rechazar la inmediatez. Muchas veces es práctica, útil y necesaria. El problema aparece cuando necesitamos que todo sea rápido para poder disfrutarlo, cuando la espera se vuelve insoportable o cuando elegimos constantemente lo inmediato aun sabiendo que quizás no es lo que realmente queremos.

Tal vez aprender a esperar no tenga tanto que ver con renunciar al placer, sino con recuperar la posibilidad de elegirlo.

Poder hacer una pausa, aunque sea por un instante, y preguntarnos:

¿Lo quiero realmente o simplemente lo quiero ahora?

Micaela Rodríguez

Lic. en Psicología | M.N 88154 | Ansiedad, depresión, estrés, vínculos. Atención virtual IG: @psicmicaelarodriguez

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *