En Redes de Bienestar, la profesional Marianela Arriaga reflexionó sobre cómo cambia la amistad con el paso del tiempo, el valor del cuidado mutuo y la importancia de construir vínculos saludables más allá de los estereotipos.
Cuando pensamos en la amistad, muchas veces la asociamos con la infancia o la adolescencia. Sin embargo, los vínculos de amistad continúan transformándose a lo largo de toda la vida y ocupan un lugar fundamental en el bienestar emocional.
Ese fue el punto de partida de la charla con Marianela Arriaga en Redes de Bienestar, donde invitó a reflexionar sobre la amistad en la adultez y la necesidad de resignificar algunos estereotipos que todavía persisten.
La profesional compartió que, además de formar parte de su trabajo, la amistad ocupa un lugar muy importante en su vida personal. La definió como un espacio donde se siente escuchada, cuidada, respetada y validada.
También explicó que, en muchas mujeres, la maternidad transforma el modo de vivir esos vínculos. Las amigas dejan de ser únicamente compañeras de momentos de diversión para convertirse también en un refugio donde expresar el cansancio, pedir un consejo o simplemente sentirse acompañadas.
Desde esa mirada, destacó que uno de los pilares de la amistad en la adultez es el cuidado mutuo. Escuchar, acompañar, respetar los tiempos del otro y estar presentes cuando alguien lo necesita son gestos que fortalecen los vínculos. La profesional remarcó que una amistad saludable se construye desde el respeto, la aceptación y la posibilidad de sentirse contenido. Más que la cantidad de amigos o la frecuencia de los encuentros, lo importante es la calidad del vínculo que se construye con cada persona.
La conversación también abordó uno de los grandes cambios que aparecen en la adultez: la resignificación del tiempo.
Mientras que durante la juventud los encuentros suelen ser frecuentes y espontáneos, con los años aparecen el trabajo, la crianza, la pareja, los proyectos personales y las distintas responsabilidades. La disponibilidad cambia y, con ella, también cambia la forma de encontrarse.
La profesional remarcó que respetar los tiempos del otro también es una forma de cuidado. Comprender que una amiga puede estar atravesando una etapa de mucha demanda no significa falta de cariño, sino aceptar que cada persona transita momentos diferentes.
En ese sentido, cuestionó la idea de que los verdaderos amigos son únicamente aquellos que se conocen desde hace toda la vida.
Las personas cambian, crecen y atraviesan distintas etapas. Por eso, también pueden aparecer nuevas amistades en diferentes momentos de la vida.
La profesional explicó que algunas personas acompañan un determinado período y luego dejan de formar parte del camino, no porque exista un conflicto o porque alguien sea «malo», sino porque cambian los intereses, los proyectos y los deseos.
Cerrar una amistad puede implicar un duelo, pero también habilita la posibilidad de construir nuevos vínculos que acompañen el momento presente.
Otro aspecto que destacó fue que cada amistad ocupa un lugar diferente. No todos los vínculos cumplen la misma función ni ofrecen el mismo tipo de encuentro.
Hay amigas con quienes compartir largas conversaciones, otras con quienes caminar, tomar un mate o simplemente reír. Cada vínculo tiene su propia dinámica y no necesita parecerse a los demás para ser valioso.
Durante la charla también invitó a ampliar la mirada sobre los afectos en la vida adulta.
Muchas veces se deposita en la pareja toda la responsabilidad del sostén emocional. Sin embargo, las amistades también constituyen un espacio donde compartir preocupaciones, pedir otra mirada o simplemente sentirse acompañado.
Para la profesional, reconocer ese lugar no debilita el vínculo de pareja, sino que amplía la red de contención y favorece la salud mental.
Otro de los temas abordados fue la diferencia entre los vínculos de amistad de mujeres y varones.
Sin caer en generalizaciones, señaló que todavía persisten modelos culturales donde a muchos hombres les resulta más difícil expresar emociones o compartir aquello que les sucede.
Si bien suelen existir espacios compartidos, como el deporte o determinadas actividades recreativas, muchas veces falta un lugar donde puedan hablar de sus preocupaciones, sus angustias o sus dificultades cotidianas.
La profesional sostuvo que estos modelos responden, en gran medida, a mandatos sociales que históricamente limitaron la expresión emocional masculina.
Por eso, propuso pensar la amistad también como un espacio donde los hombres puedan sentirse escuchados y habilitados para compartir lo que les pasa.
Hacia el final de la entrevista, dejó una reflexión sobre la importancia de revisar nuestros vínculos.
Preguntarnos quiénes nos hacen bien, quiénes nos acompañan con respeto y cuidado, y también aceptar que algunas amistades cumplen un ciclo, forma parte del crecimiento.
La amistad no se mide por la cantidad de años compartidos ni por la frecuencia de los encuentros. Se construye desde el deseo de estar, el respeto por los tiempos del otro y la posibilidad de ofrecer un espacio de escucha, cuidado y acompañamiento.
Porque, más allá de las distintas etapas de la vida, siempre hay vínculos que siguen recordándonos que no estamos solos.
Escucha la charla de la profesional en nuestro programa radial:

Lic. en Psicopedagogía
Lic. y Prof. en Cs de la Educación
Especialista en Estimulación Temprana
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