El aprendizaje detrás de los cambios desde una historia personal

Siempre me costaron los cambios. Es curioso porque estudie licenciatura en Psicopedagogía y por elección me dedico al área clínica de la psicopedagogía. Acompaño a infancias, adolescencias y familias a atravesar procesos que impliquen aprender, ayudándolos a descubrir nuevos recursos y diversas herramientas. Sin embargo, fuera del consultorio y, en lo personal, no vivo con la misma serenidad y seguridad todo lo que intento transmitir en el ámbito laboral.

Hace poco me encontré atravesando una mudanza de consultorio. Aunque fue una decisión necesaria y con nuevos desafíos por delante, también implicó despedidas, incertidumbre y, como todo cambio, duelos. Fue allí donde recordé algo que suelo compartir con quienes acompaño: cambiar no significa solamente llegar a un lugar distinto; significa aprender a despedirse de una versión de uno mismo.

Desde la psicopedagogía sabemos que aprender no consiste únicamente en incorporar conocimientos. Aprender también implica reorganizar lo que pensamos, sentimos y hacemos frente a una nueva realidad. Todo aprendizaje requiere un desequilibrio previo. Jean Piaget describía este proceso como la necesidad de modificar nuestros esquemas para adaptarnos a situaciones nuevas. Ese pequeño «desorden» que tanto incomoda es, muchas veces, el comienzo del crecimiento.

Los cambios nos enfrentan a preguntas que no siempre tienen respuestas inmediatas. Nos invitan a desarrollar flexibilidad, tolerancia a la incertidumbre y confianza en nuestras propias capacidades. Son habilidades que no aparecen de un día para otro: se construyen mientras transitamos el camino.

Quizás por eso los cambios suelen dar miedo. No porque sean negativos, sino porque nos obligan a dejar de controlar aquello que ya conocíamos. Pero también tienen algo profundamente valioso: nos muestran fortalezas que solo aparecen cuando las necesitamos.

Seguiremos aprendiendo que no hace falta dejar de sentir miedo para avanzar. Que se puede extrañar y, al mismo tiempo, entusiasmarse con lo que viene. Que cerrar una etapa no invalida todo lo vivido; por el contrario, le da sentido.

Tal vez ese sea el mayor aprendizaje que esconden los cambios: nos transforman incluso antes de llegar al destino. Y cuando miramos hacia atrás, descubrimos que aquello que tanto temíamos terminó convirtiéndose en una oportunidad para crecer.

Porque, al final, aprender y cambiar son dos procesos que siempre caminan de la mano.

Rosario Mastrángelo

Licenciada en psicopedagogía. MP:198.719 Prevención, evaluación y tratamiento de problemas de aprendizajes. Orientación a padres. Evaluación neurocognitiva.

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