Cuestionar mandatos, abrazar deseos propios

“Gracias al espíritu, el corazón se mantiene a una distancia prudencial de sus propios deseos. Gracias al corazón, el espíritu adquiere el calor y la disposición para actuar allí donde fuere apropiado y posible”. Bert Hellinger.

En esta oportunidad compartiremos con ustedes queridos lectores un tema que nos acompaña y nos acompañará durante toda nuestra vida: los mandatos.

En los vínculos familiares, y en las diversas relaciones, depositamos o nos depositan todo lo que no hemos podido resolver en nuestro sistema familiar de origen, si así es, con nuestros padres. Podríamos ir un poco más lejos quizás. Podríamos observar cómo los diferentes sucesos y acontecimientos se transmiten de generación en generación; dando lugar a los mandatos.

Desde que nacemos, y quizás, desde el momento de la concepción, hasta los primeros cinco años de vida, hemos tomado por amor mágico e infantil, las decisiones más importantes y profundas de nuestra vida. Como, por ejemplo: no tendré más dinero que tú, no seré más feliz que tú, no me casaré, no tendré hijos, no formaré pareja; por nombrar algunas. Nuestra llegada al mundo, trae especialmente para nuestros padres expectativas, sueños e inquietudes. Imaginan a quien nos vamos a parecer, a qué vamos a jugar, incluso a qué nos vamos a dedicar.

Solemos tomar a nuestros padres como modelos a imitar, sus actitudes, gestos contestaciones, entre otros. Ellos nos enseñan valores, formas de comportarnos, costumbres. Y deberían darnos herramientas para que podamos resolver aquellas situaciones que se nos presenten a lo largo de la vida.

La sociedad y sobre todo nuestros padres esperan que sigamos determinados pasos, los cuales varían dependiendo de la cultura en que nos encontremos. Esos mandatos como: hacer una carrera, tener hijos, entre otros, son mandatos que, aunque no están escritos no cumplirlos a veces nos genera culpa y malestar.

Es importante recordar, que estamos hablando en un nivel total y absolutamente inconsciente, y desde allí vivimos; hasta que finalmente, paso a paso, vamos tomando consciencia de nuestras acciones y podemos decidir o no cambiarlas, por supuesto, con la ayuda de un terapeuta.

¿Qué pasa si los mandatos no coinciden con los deseos propios?

¿Cómo hacemos para que nuestros deseos se cumplan?

¿Estamos dispuestos a trabajar sobre el malestar de no hacer lo que se espera de nosotros?

La buena noticia es que tenemos la posibilidad de escuchar nuestros propios deseos, y permitirnos ir tras ellos. Cada vez que somos más consientes y decidimos despedirnos del pasado, y poner nuestra mirada en el presente, en la vida.

Cuestionar los mandatos y escuchar nuestros deseos nos abre la puerta a explorar otras posibilidades y contribuye a nuestra salud en su conjunto.

Alejandra Gonzalez - Psicóloga- Sexóloga - https://www.instagram.com/alejandragonzalezpsicologia/
Carolina Bertoldi- Consteladora Familiar- Psicóloga Social - /www.instagram.com/renaceinterior/

Somos Infancia

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida. Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan. info@somosinfancia.com.ar Ig: @revista.somosinfancia

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *