Mitos, silencios y lo que necesitamos aprender a escuchar sobre abuso sexual infantil.
¿Cómo se detecta aquello que muchas veces no aparece de manera explícita?
Una de las principales dificultades en el abordaje del abuso sexual infantil es que, en la mayoría de los casos, no se presenta de forma evidente. Lo que suele aparecer primero no es un relato directo, sino cambios en la conducta cotidiana: un niño que deja de participar en la escuela, una niña que se aísla, alteraciones en el sueño, en el juego o en el vínculo con determinados adultos. Estas señales, muchas veces, requieren ser leídas en contexto.
Existen mitos que aún dificultan la detección. Uno de ellos es pensar que si un niño o niña no relata de forma clara y espontánea, entonces no hay nada que considerar. Sin embargo, en la práctica clínica forense el relato suele aparecer fragmentado, en distintos momentos o a través de frases que inicialmente no se comprenden en su totalidad. Por ejemplo, un niño puede decir que “no quiere quedarse solo con un adulto”, sin poder explicar por qué.
Otro mito frecuente es creer que el abuso ocurre principalmente con personas desconocidas. En realidad, la mayoría de los casos suceden en entornos cercanos, lo que complejiza la posibilidad de hablar, por la ambivalencia, el miedo o los vínculos de dependencia.
También persiste la idea de que la ausencia de denuncia inmediata descarta la situación. Muchas veces el silencio forma parte del impacto mismo de la experiencia. El relato puede aparecer cuando hay condiciones de mayor seguridad o una escucha disponible.
El modo en que los adultos responden es clave. La incredulidad o la minimización puede interrumpir el intento de relato, mientras que una escucha cuidadosa puede habilitar su continuidad.
La denuncia no es solo un acto jurídico: también tiene un valor subjetivo. Permite comenzar a poner en palabras una experiencia atravesada por el secreto y la imposibilidad de ser dicha. No modifica lo ocurrido, pero sí puede transformar el lugar desde el cual se lo significa. Si no acompañamos ese proceso adecuadamente, o la palabra no es creída, puede producirse una nueva vulneración que profundiza el aislamiento.
Por eso, el abordaje del abuso sexual infantil requiere una red entre salud, educación, justicia y comunidad. El desafío no es solo reconocer lo evidente, sino aprender a escuchar lo que aparece de forma indirecta, fragmentada o silenciosa.
Línea 144 para la atención de situaciones de violencia por motivos de género

Psicóloga
Pericias, Cámara Gesell, credibilidad
Asesoría a estudios jurídicos
Coordinadora parental y parejas
@andreamaccione.psico

