El divorcio como proceso legal, emocional y organizativo. Más allá de sus efectos legales, el divorcio cumple una función organizadora. Permite ordenar la vida personal, familiar y económica. Además, establecer responsabilidades claras y brindar un marco de previsibilidad que resulta fundamental también para los profesionales que acompañan estos procesos desde distintas disciplinas.
Contar con asesoramiento jurídico especializado permite encauzar el proceso de manera adecuada, prevenir conflictos y obtener mejores resultados para todas las partes involucradas.
A partir de la reforma del Código Civil y Comercial de la Nación, el divorcio en Argentina dejó de depender del acuerdo de ambos cónyuges. En la actualidad, una sola persona puede solicitarlo, sin necesidad de expresar las causas que motivan la decisión.
Existen dos modalidades: el divorcio unilateral, solicitado por uno de los integrantes del matrimonio, y el divorcio por presentación conjunta, cuando ambos cónyuges acuerdan iniciar el proceso.
Cuando existen hijos menores de edad, la ley exige que se acompañe una propuesta de plan parental, en la cual se regulan cuestiones fundamentales. Entre estas se mencionan la cuota alimentaria, el cuidado personal y el régimen de comunicación. Este plan tiene como finalidad garantizar el interés superior del niño y brindar previsibilidad y estabilidad en la organización familiar.
Otro aspecto relevante es la vivienda familiar. Si se trata de un bien ganancial, puede solicitarse judicialmente la atribución de su uso a uno de los cónyuges, generalmente al progenitor conviviente con los hijos, hasta tanto se lleve a cabo la división de los bienes.
Asimismo, la legislación contempla la compensación económica cuando, como consecuencia del divorcio, una de las partes queda en una situación de desequilibrio económico. Esto suele darse en aquellos casos en los que una persona se dedicó principalmente a las tareas de cuidado, postergó su desarrollo laboral o profesional, o dejó de trabajar para sostener el proyecto familiar o acompañar la carrera del otro cónyuge.
La división de bienes puede tramitarse conjuntamente con el divorcio o en una instancia posterior, de acuerdo con la situación particular y las necesidades de las partes.
Es importante saber que un divorcio bien tramitado no solo pone fin a un vínculo, sino que habilita una nueva forma de organización familiar, con reglas claras y responsabilidades asumidas.
Karen Raso

Abogada / Especialista en familia y sucesiones

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