Cuando hablamos de auto cuidado en profesionales de la salud, aparece una pregunta que atraviesa todo: ¿quién cuida a quienes cuidan? No como una consigna vacía, sino como una pregunta real sobre las condiciones de trabajo, los límites, los horarios, los encuadres y el impacto que tiene en el cuerpo y en la vida cotidiana estar disponibles para otros de manera constante.
El autocuidado no puede quedar delegado en el afuera. No se trata de ponerlo en el otro. Implica revisar si aquello que proponemos a quienes acompañamos también lo podemos sostener en nuestra propia vida. Y no solo en términos de alimentación, actividad física o momentos de descanso, sino en cuestiones más amplias: ¿cómo organizamos el trabajo, cuánto nos exigimos, cuánto nos comparamos? y cuánto espacio dejamos para nosotros mismos en una época atravesada por la hiperinformación y las redes sociales. ¿Cuánto de auto cuidado existe?
Cuando el cuerpo avisa
Muchas veces uno se da cuenta tarde. Llegan las vacaciones, el cierre del año, y aparece la pregunta: ¿cómo llegué hasta acá? Al principio se intenta frenar un poco, dejar espacios entre consultas, hacer pequeñas pausas. Pero la agenda se vuelve a llenar, aparecen más compromisos, más demandas, más pedidos.
Entonces el cuerpo avisa. La garganta, la cervical, el cansancio extremo, la sensación de estar siempre corriendo. También aparecen señales emocionales: irritabilidad, llanto, tristeza, agotamiento. El cuerpo está diciendo que algo no está funcionando, que hay algo que se está sosteniendo de más.
Ahí aparece la pregunta por los límites y por la posibilidad real de sostener esa forma de trabajar.
Horarios, disponibilidad y encuadre
Uno de los puntos que más cuesta revisar es el de los horarios. Atender fuera de hora, responder mensajes todo el tiempo, estar disponibles sin corte. Muchas veces eso se hace desde la culpa o desde el miedo a perder al otro y no desde el cuidado.
Pero el encuadre también cuida. Aclarar horarios, respetar tiempos, sostener límites no es falta de compromiso. Al contrario: es una forma de cuidar la práctica y de cuidarse. No somos guardia, no somos urgencia permanente.
Cuando no hay límites claros, el desgaste aparece rápido. La disponibilidad total termina afectando no solo al profesional, sino también a la calidad del acompañamiento.
El valor del trabajo y los cobros
La vocación da sentido, pero el trabajo necesita ser reconocido. Cobrar no es solo poner un precio a una sesión. Es reconocer el tiempo, la formación, la experiencia, la responsabilidad y todo lo que hay alrededor de ese espacio.
Muchas veces a los profesionales de la salud les cuesta hablar de dinero. Ajustar honorarios genera incomodidad, culpa, dudas. Aparece la idea de que, como trabajamos con el sufrimiento del otro, no deberíamos cobrar o deberíamos cobrar menos.
Sin embargo, el trabajo tiene un valor. Hay gastos, hay formación constante, hay supervisión, hay sostén emocional. El tiempo invertido no es solo el de la consulta, sino también el antes y el después. Cuando eso no se reconoce, el desgaste se profundiza.
Valorar el propio trabajo también es autocuidado.
Productividad, multitarea y cansancio
Vivimos en una lógica de hacer muchas cosas al mismo tiempo: celular, mail, redes, cuentas, trabajo. La multitarea se volvió la norma, pero genera agotamiento. Cuanto más cansados estamos, más difícil es frenar.
Antes había menos estímulos, menos exigencias. Hoy hay tantas posibilidades que elegir también cansa. No perderse nada se vuelve una presión constante, y eso impacta directamente en el cuerpo y en la salud emocional.
Autocuidado como responsabilidad profesional
Cuidarse no es un lujo ni un capricho. Es parte de la responsabilidad profesional. Trabajar con otros implica estar disponible emocionalmente, escuchar, acompañar, sostener. Para eso, es necesario estar bien.
Reconocer límites, revisar agendas, permitirse no hacer nada por momentos, también forma parte del trabajo. No todo tiene que ser productivo. El descanso también sostiene.
Red, apoyo y revisión constante
El autocuidado no puede pensarse solo de manera individual. La red de colegas, la supervisión, los espacios terapéuticos y la formación continua son fundamentales para detectar cuándo se está llegando al límite.
Acompañar no es cargarse. Discriminar eso es clave para poder seguir trabajando sin enfermarse.
Pequeños cuidados cotidianos
Muchas veces el autocuidado aparece en lo pequeño: moverse entre consultas, cambiar de postura, tomar agua, respirar, registrar el cuerpo. Estar presente en lo que se hace, incluso en esos momentos mínimos, también es cuidado.
No hay recetas únicas. Cada uno necesita encontrar qué le sirve y qué no.
Repensar la práctica
Cuidarse implica preguntarse cómo se está trabajando, qué horarios se sostienen, qué límites se respetan, qué cosas necesitan cambiar. A veces eso implica modificar la forma de trabajar, ajustar la agenda, animarse a revisar lo establecido.
El auto cuidado es un proceso permanente. Porque para cuidar a otros, primero hay que poder cuidarse.
Podes escuchar la charla de este tema completa en nuestro canal: Redes de Bienestar – YouTube
Laura Pepe Psicóloga - @laupepepsicologa
Paula Ayala Docente en Filosofía - Lic. Orientación Familiar - @paulanayala
Cristina Villalba Counselor - Coach- @bienestar.psicosocioemocional
Natalia Lamonico Médica Psiquiatra - @psiq.lamonico

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