¿Balance en diciembre?

Es muy popular que, llegado el mes de diciembre, se diga que es tiempo de hacer el balance del año y muchísima gente se suma a la iniciativa. La cual muchas veces los deja llegando a la fiesta de fin de año decepcionados y rogando que el año se vaya de una vez. Hoy: ¿Balance en diciembre?

Hay algunos aspectos que me parece interesante compartir, para darle una vuelta de tuerca a este tema.

El primero es que si asimilamos nuestra vida a una empresa que cada año cierra su ejercicio económico el 31 de diciembre, les cuento que en ellas el contador se toma su tiempo para hacerlo luego de pasada esa fecha. Porque no es un hecho menor revisar todo un año y emitir una opinión, y nosotros nos forzamos a tenerlo listo justo en el momento de mayor agotamiento físico y mental.
En segundo término, y tomando la ventaja de que mi carrera de base es contadora, vale traer la aclaración de que aquello a lo que comúnmente llamamos balance, se reduce a lo que para las empresas es un “Estado de Resultados”, cuánto gané o perdí este año. Y acá nos encontramos con un enemigo silencioso para sacar una conclusión objetiva: “nuestro cerebro”.

Hay una frase que dice algo así como que “las cosas malas se nos pegan como abrojo y las buenas resbalan como el teflón”. Y es efectivamente así porque para el cerebro lo más importante es nuestra supervivencia. Entonces almacena las situaciones desfavorables simple y sencillamente porque las considera una amenaza y es a ellas a las que les prestará atención.

Así cuando llegamos a “nuestro balance” aquellas hermosas vacaciones que pasamos en enero ni pasan por nuestra cabeza, pero sí cualquier situación que gravó un recuerdo envuelto en una emoción negativa.

Entonces si vamos a hacer balance, primero sepamos de qué se trata. Es un equilibrio exacto entre lo que tengo, lo que yo aporté y las deudas que tengo. Y ahí está el mayor desafío, en ver nuestro año no sólo desde lo que tengo, sino también cual fue nuestro rol y cuánto nos ayudaron.

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Lo pongo en un ejemplo práctico: este año querías cambiar de trabajo y no lo lograste. Si nos quedamos en el estado de resultados, perdiste porque no lo lograste. Si haces un balance, hay preguntas para hacerse: ¿Qué tan activa fue mi búsqueda?. ¿Me postulé una vez, no me eligieron, y me desmoroné tanto que abandoné?. ¿Pude pedir ayuda?, etc.

Si la respuesta es sí a la primera pregunta, te postulaste a cuanto empleo que te atrajo, pero no se dio, te invito a mirar tu balance en positivo, porque el resultado nunca depende 100% de nosotros, pero el estar satisfechos con que hicimos todo lo posible sí.

Si la respuesta es sí a la segunda, no perdiste simplemente no estabas preparado para un no. Pero tenes todas las posibilidades de seguir buscando porque este año aprendiste algo nuevo, que podes poner todas tus ganas, pero eso no te garantiza el sí. Porque en cada empleo que se ofrece el que contrata puede elegir entre varias opciones. Y eso no tiene que ver con vos, lo que si tiene que ver con vos es la decisión de seguir en la búsqueda o no, y si elegís el no a conciencia tampoco perdiste, porque haya algo importante para vos que vale más.

Hacer balance, es una experiencia muy rica pero requiere tiempo de análisis, observación y compasión. Porque hasta que no da exacto el reconocer todo lo que tengo (desafiando a nuestro cerebro que pasa por alto lo bueno), valorando todo nuestro esfuerzo y todo lo que nos faltó aportar. Teniendo en cuenta las deudas con otros y con nosotros mismos, no se puede cerrar. 

Entonces te invito a no hacerlo en diciembre sino cuando tengas tiempo disponible. Para justamente, hacer de esa experiencia un momento de conexión interior que siente las bases para tu nuevo año con un enfoque más amplio.

Derechos de autor: Mg. Liliana Ronchi

Nota escrita en exclusiva para «Revista Somos Infancia»

Coach Personal y Organizacional

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