Puede suceder que en el calor de una discusión que se transforma en pelea, no nos demos cuenta de que los niños están atentos a todo: mirando, escuchando, sintiendo. Y es nuestra responsabilidad como adultos cuidarlos de las experiencias que adquieren sobre el manejo del estrés y la resolución positiva de conflictos. Hoy : Discusiones frente a los niños.
Cuando los niños presencian peleas entre adultos, ya sean sus padres, abuelos u otros, experimentan una mezcla intensa de emociones y preocupaciones. Estas pueden afectar profundamente su bienestar emocional y su desarrollo. Esto es una carga emocional abrumadora para su edad y se sienten impulsados (y hasta responsables) de restaurar la paz y la armonía en el ambiente familiar.
Adicionalmente, estas situaciones son confusas para los niños. Ya que están en proceso de aprender las reglas que rigen las relaciones interpersonales, y cómo se supone que deben comportarse los adultos y su ejemplaridad. Esto puede impactar negativamente en su capacidad para establecer relaciones saludables en el futuro. Ya que al ver que lo usual en casa es gritarse, será un modo de conducirse que reproducirá en el futuro.
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Aquí les dejo algunas de las emociones y sentimientos que experimentan los niños que escuchan o presencian una pelea de adultos:
- Miedo: temor por la intensidad emocional y los tonos elevados de voz, puede hacerles sentir inseguros y vulnerables, que el hogar ya no es ese lugar seguro en el mundo.
- Angustia emocional: pueden sentirse abrumados por la negatividad y la tensión, puede manifestarse como llanto, retraimiento o irritabilidad, pérdida del control de los esfínteres, etc.
- Confusión: si los adultos implicados suelen ser figuras de autoridad o modelos a seguir, los niños pueden tener dificultades para entender por qué las personas que aman y en quienes confían están expresándose de manera tan negativa y destructiva.
Culpa: los motivos de la pelea son a causa de ellos, sienten una responsabilidad indebida. Lo que constituye una carga emocional abrumadora llena de impotencia por no poder resolver nada.
Deseo de escapar o evadir la situación: pueden buscar refugio en sus habitaciones, alejarse físicamente de la confrontación o tratar de distraerse con actividades para evitar enfrentar las emociones negativas que les genera la situación. En casos reiterados, frente a la violencia excesiva, incluso puede haber intentos de fuga del hogar.
Es sumamente importante que los adultos sean conscientes del impacto que tienen sus discusiones, peleas, acciones y palabras en los niños. Proporcionar un entorno seguro y estable es fundamental para mitigar el estrés emocional causado por las peleas. Los adultos pueden ayudar a los niños ofreciendo consuelo. Y aclarando que los niños no son culpables de las peleas de los grandes y asegurando que se sientan amados y seguros.

Además, es importante modelar comportamientos positivos de resolución de conflictos y comunicación efectiva dentro de la familia. Si los adultos no tienen herramientas efectivas para el manejo del estrés, deberían trabajar en este sentido para beneficio propio de toda la familia. Implementar técnicas como la comunicación no violenta,
Escuchar activamente las preocupaciones de los demás y buscar soluciones constructivas juntos.
Es crucial que los adultos responsables si no pueden hacer esto solos, busquen ayuda de inmediato. Los niños necesitan ser protegidos de la violencia y proporcionados con apoyo emocional y psicológico adecuado.
Esto puede incluir buscar refugio seguro, asistencia médica si es necesario, y apoyo terapéutico. Para ayudarles a procesar y sanar de las experiencias traumáticas que han presenciado.
Lic. Milagros Ramirez

Orientadora Familiar
Fuente imagen: https://www.criarconsentidocomun.com/

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