Redes Sociales: Te amo, te odio, dame más.

Reinas, marcadoras de tendencia, creadoras de “haters” y de amores incondicionales. Hogar y cobijo de envidia, celos, de muestras gratis de felicidad, de selfis por billones, fotos de desayunos y meriendas, de atardeceres en sitios paradisíacos. Improntas de proezas deportivas, profesionales y económicas. Las redes parecen controlar nuestros destinos de la mano de un clic, de un like o un comentario. Hoy: Redes Sociales: Te amo, te odio, dame más.

Y cuando parece que ya hemos tenido nuestra ración diaria de dopamina fácil, el peligroso e infinito “escrolleo” se hace presente para iniciar un nuevo ciclo. Allí, en el que somos testigos del quehacer del mundo, de los otros, de aquello que la pantalla devoradora exhibe y elegimos consumir.

Hasta que aparecieron las redes, yo no sabía de la existencia de tantas cosas. Perros y gatos que parecen sonreír a la cámara, comidas, modas, lugares ignotos, profesiones y disciplinas hasta el momento (para mí) desconocidas. Vaya ceguera cognitiva la mía (“lo que se”, “lo que no sé”, “lo que no sé que sé”, “lo que no sé que no sé”) desafiada más que nunca ante la vastedad de un mundo digital que en ocasiones, me asquea.

¿Gran hipocresía la mía?. Gracias a las redes, pude lanzar un emprendimiento exitoso. Encontré un lugar en donde gratuitamente puedo publicar mi Newsletter, hacer nuevas conexiones profesionales, enterarme de cursos que me interesan. También de libros que ahora son parte de mi biblioteca y de sitios en donde encontrar la red cubre ventana que me hacía falta.

Ni hablar de amistades, familiares que parecían perdidos, viejos amigos, personas que no veía en años y que me dio gran placer reencontrar.

Pero alguien me dijo por ahí que las redes sociales son como un jardín vallado, donde solo ves las flores que el algoritmo te permite. Parece que hay mucho más en ese vasto, inmenso e inconmensurable universo digital que tu red preferida elige no mostrarte.

Y acá entonces viene la real, siempre al acecho “FOMO” (fear of missing out en inglés). Algo así como el temor a perderse de algo, que hace que entonces te quedes escrolleando más tiempo porque quien sabe, tal vez logres engañar al algoritmo y que éste te muestre eso que por ahora te mantiene oculto.

Porque quizás, eso que tu red predilecta no mostraba era justo lo que necesitabas.

Así que bueno, seguís escroleando, total, un ratito más no pasa nada. A ver si justo te perdés de lo que no sabías que no necesitabas. Eso que, al fin y al cabo, no te sirve para nada. Pero al menos sos consciente de ello y podés ratificar la inutilidad absoluta de ese nuevo hallazgo.

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En las redes parecen darse diversos campos de batalla: uno de ellos, el de los “likes”. ¿Cuánto vale tu selfi en comparación con el de tu amiga que parece una modelo o de la otra que medita en medio del bosque?. Aprobación, difusión, amores fugaces, cada like es un golpe de dopamina al ego o un pinchazo a la vanidad.

Ahora bien, hay un segundo campo de batalla en el cual me declaro absolutamente inflexible -disculpas de antemano por mi juicio recalcitrante- que es el de utilizar las redes para “seguir” a famosos, actores, actrices, modelos, gurúes de disciplinas varias. Aquellos, que viven para darnos consejos, relatando lo que comen o ejercitan en un día.

Y luego, claro, el universo de los comentarios, los compartidos, los remixeados, las historias fugaces y los reels que te atrapan cual pez pescado; un torbellino vertiginoso de imágenes, colores, stickers y recomendaciones variadas sobre como vencer al algoritmo .(“¿cuándo nos volvimos tan inocentes”?).

Pero no todo es tan nefasto. Las redes, cuando utilizadas con cierta moderación, son una fuente de inspiración. Desde aprender a tener crochet gratis, a encontrar ese profesional osteópata que me hacía falta. Como la posibilidad de revivir viejos programas televisivos de mi adolescencia y el tener, al alcance de la mano, ese vasto motor de búsqueda (SEO) que me facilita la existencia.
Mi pregunta, entonces, querido lector: ¿Serás un maestro zen del deslizamiento de dedo o un esclavo atormentado de la validación digital?
¿Podrás usar las redes para que te resulten funcionales a tus necesidades o dejarás que te traguen, te absorban y dicten tu próxima compra, impongan un nuevo referente a seguir o “influencer” a adorar?

Seguramente me esté perdiendo de mucho. Pero he leído por allí que a veces, para poder ganar, se hace necesario dejar algo en el camino.

Mercedes Lagos

Coach Ontológico

pippa.lagos@gmail.com

Fuente imagen: https://www.capgros.com/

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