“Maternar en los primeros tiempos”

“Ser madre” va mucho más allá de gestar y parir. Es brindarse por completo en un principio, es dar más de lo que una tiene (relegar necesidades básicas como dormir, alimentarse, asearse, distenderse, sacar paciencia de abajo de las baldosas, inventar recursos nuevos todo el tiempo). Transformarse en madre implica sentir y actuar por dos. Una madre sintonizada emocionalmente con su bebé, estará habitada por él permanentemente. Ya no podrá pensarse ni sentirse como un ser individual porque su ser estará habitado por la presencia permanente de su bebé (física o mentalmente). ¿Qué siente, qué necesita, me extrañará, seré buena madre, estaré haciendo bien mi tarea, estaré comprendiendo cuáles son sus necesidades? ¿Seré suficientemente buena para él? ¿Podré volver a trabajar? Volveré a sentirme yo misma? Son algunos de los interrogantes que se presentan permanentemente. Todo esto se relaciona con con cambios psíquicos y físicos que deben aconcetecer para poder cumplir con la función de “yo auxiliar”.

En ese primer tiempo de la vida de nuestrxs hijxs, ingresamos en un nuevo planeta, donde nos perdemos por un buen tiempo de nostras mismas, estando más a disposición de un nuevo ser que de nosotras. ¡Tremenda resignación que nos plantea la vida! Mucho más posible de llevar adelante cuando hay amor y deseo de hijx.

Los siguientes son extractos de un texto de Donald Winnicott, de 1966 donde describe con una sutileza exquisita en que consiste “ser madre” en los primeros tiempos de vida de un bebé, y cómo mediante sus sutiles cuidados, el bebé llega a convertirse en tal…

“… Es una observación trivial que cuando digo devoción simplemente quiero significar devoción… Sucede que existe este útil período de nueve meses durante el cual hay tiempo para que la mujer realice un pasaje gradual de un tipo de egoísmo al otro. El mismo fenómeno puede ser observado en el padre; también ocurre con la gente que decide adoptar un bebé, se convence de la idea de adoptar, se exalta, y llega a un punto en el que el bebé debe materializarse; desafortunadamente para los que adoptan, a veces surge una decepción en este momento, y cuando encuentran al bebé, ya no están tan seguros de desearlo. Quiero hacer hincapié en la importancia de este período de preparación.

La mujer entra en una fase (de la que corrientemente se recupera durante las semanas y los meses que siguen al nacimiento del bebé) en la cual, en gran medida, ella es el bebé y el bebé es ella. No hay nada místico en esto. Después de todo, ella fue un bebé alguna vez, y tiene en sí el recuerdo de haber sido un bebé; también tiene recuerdos de haber sido cuidada, y estos recuerdos la ayudan o interfieren en sus propias experiencias como madre.

Creo que, para el momento en que el bebé está maduro para el nacimiento, la madre, si ha sido bien cuidada por su compañero o por el Estado, o por ambos, está preparada para una experiencia en la cual sabe perfectamente bien cuáles son las necesidades del bebé. No me refiero simplemente a su capacidad de saber si el bebé está o no hambriento, o algo por el estilo; me refiero a una cantidad de cosas sutiles, cosas que sólo mi amigo el poeta podría expresar con las palabras apropiadas. Por mi parte, me conformo con utilizar la palabra sostén y con extender su significado a todo lo que la madre es y hace en este período. Considero que se trata de un período crítico, pero apenas me atrevo a decirlo porque sería una pena que una mujer mostrase afectación justamente en un momento en el que tiende naturalmente a comportarse en forma espontánea. Esto es lo que ella no puede aprender de los libros. Siente que el bebé necesita ser tomado en brazos, o acostado, ser dejado solo o cambiado de posición en la cuna, o cuando ella sabe que lo esencial es la más simple de todas las experiencias, aquella basada en el contacto en ausencia de actividad, en la cual existe un espacio para el sentimiento de unidad entre dos personas que en realidad son dos y no una sola. Estas cosas le dan al bebé la oportunidad de ser, a partir de la cual puede surgir a continuación todo lo que tiene que ver con la acción y con la interacción. Aquí está la base para lo que gradualmente se convierte, para el niño, en la experiencia de ser. Todo esto es sumamente sutil, pero su continua reiteración constituye la base de la capacidad de sentirse real del bebé. Con esta capacidad el bebé puede enfrentar al mundo, o, mejor dicho, puede avanzar en los procesos madurativos que hereda. Cuando se dan estas condiciones, como generalmente ocurre, el bebé puede desarrollar la capacidad de experimentar sentimientos que hasta cierto punto se corresponden con los de una madre identificada con su bebé, o, mejor dicho, intensamente dedicada a su bebé y a todo lo que sea el cuidado de su bebé. A los tres o cuatro meses, el bebé es a veces capaz de demostrar que sabe lo que significa ser una madre, es decir, lo que significa ser una madre en estado de consagración a algo que no es precisamente ella misma…”

Prof. Lic. Daniela Gastaldi

Especialista en Psicología Perinatal

Directora de “Psicología Perinatal Argentina”

psicoperinatalidad@gmail.com

@psicologiaperinatal.arg

Fuente imagen: webconsultas

Somos Infancia

Revista online dedicada a salud integral, crianza y calidad de vida. Más de 500 profesionales de todas las áreas nos acompañan. info@somosinfancia.com.ar Ig: @revista.somosinfancia

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *