Años atrás un día como hoy un sueño comenzada a derrumbarse, esos los que nacen desde las entrañas, hacía poco tiempo mi vientre se había convertido en cuna, pero la vida me daba la primer experiencia para darme cuenta de que pocas son las cosas que se pueden controlar y muchas más son las que tenemos que aprender dejar fluir.
Lo qué no sabía en ese momento era que iba a doler tanto, que iba a llorar a mares de lágrimas, que iba a gritar de dolor desgarrador preguntándome una y otra vez porque me pasaba esto a mí, que iba a pelearme conmigo misma buscando que hice mal, que iba a querer bajar los brazos, que iba a dudar de mi valor humano y mi sobre toda las cosas de ser mujer.
Qué iba a estar de médico en médico buscando una respuesta, y que esa iba a ser la primera experiencia de unas cuantas más a lo largo del tiempo que iba tener que pasar.
Hoy a la distancia lo que puedo ver es lo que me ha dejado esta experiencia como enseñanza.
Lo primero es que los milagros alrededor ocurren, y muchas veces nos sorprenden cuándo menos lo estamos esperando.
Que si deseamos con todas nuestras fuerzas y las conspiran todas las energías a nuestro favor se materializan.
Y ahí estará. Llegará ese bebé cuando todo este listo para su aprendizaje en esta tierra. Ni antes, ni después.
He aprendido que no nacemos cuándo queremos o nuestros padres desean, sino que nacemos cuando estamos listos y está preparado el escenario, la vida es cómo una gran obra teatral cuando nos toca salir a escena ahí hacemos el gran acto.
Los tiempos no se pueden adelantar o tampoco se pueden retrasar.
Sé que duele el alma por lo que no ha podido ser. Pero agradezco lo que sí es.
Aferrándome a mí fortaleza y buscando a gritos de esperanza, quizás porqué fue la única manera de encontrarme con mi propia sombra, con ese dolor más interno, con ese ser niña que alguna vez fui.
Cuando por fin logramos anidarnos nosotras mismas, amarnos, mirarnos cuidarnos, respetarnos, poner límites para un otro.
Cuando el cuerpo se siente en plena conexión con nuestra alma.
Ahí es donde se produce la magia, donde ese ser se instala en nuestro útero, lugar de amor y contención, será su cuna por 9 lunas, ese espacio que nos permite danzar juntos al compás de la vida.
Ojalá que como mi experiencia, después de la tormenta para vos también salgas arcoíris .
Clr Vanina Spiro
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