Cuando estar disponible se vuelve complacencia

La diferencia entre ser generoso y vivir pendiente de las necesidades de los demás. En una nueva charla de Redes de Bienestar, conversamos con Lara Levyon, psicóloga. Dialogamos sobre la complacencia y sobre qué sucede cuando estar permanentemente disponibles para los demás empieza a implicar olvidarnos de nosotros mismos.

La conversación partió de una pregunta central: ¿cuál es la diferencia entre ser generoso, empático y complaciente?

Ser generoso implica estar atento a las necesidades del otro y tener disposición para ayudar. Ser empático supone intentar ponerse en el lugar del otro y comprenderlo. Pero cuando aparece la complacencia, la situación puede ser diferente: se transforma en una necesidad permanente de estar al servicio del otro. Incluso, puede llegar a anularse.

Tal como lo explicó Lara, detrás de la complacencia suele esconderse el miedo: miedo al rechazo, a dejar de ser querido o a dejar de ser aceptado.

El miedo a decepcionar

Uno de los aspectos centrales de la complacencia es el miedo a decepcionar o a no cumplir con las expectativas del otro. Así, cuando una persona siente que es querida por todo lo que hace por los demás, puede aparecer la idea de que, si deja de comportarse de esa manera, también dejarán de quererla.

¿Cómo se forma una personalidad complaciente?

Lara explicó que, en algunos casos, una persona puede haber crecido en ambientes donde los conflictos no podían hablarse y donde todo debía mantenerse «lindo y divino». En esos contextos, decir que no o poner un límite podía sentirse como algo capaz de generar un conflicto.

También puede ocurrir que el rechazo o el silencio hayan aparecido como formas de castigo. Cuando un niño aprende que, si no cumple con determinadas expectativas, puede perder el afecto o la atención de sus figuras de referencia, puede comenzar a desarrollar conductas orientadas a complacer para sentirse querido y aceptado.

Cuidar al otro sin dejar de existir

La complacencia puede implicar un esfuerzo permanente que termina agotando. La persona puede sentirse de mal humor, sin energía y hasta sin ganas de encontrarse con otros porque su «batería social» se agotó.

Pero salir de ese lugar no significa convertirse en una persona egoísta o dejar de preocuparse por los demás.

Lara propuso pensar en pequeños cambios: probar de a poco. Empezar a decir que no en situaciones pequeñas, no responder automáticamente y aprender a registrar qué se necesita.

Finalmente, tal como planteó Lara durante la charla, se trata de poder conservar los propios límites desde la generosidad y la empatía, sin vivir con el miedo permanente a dejar de ser querido.

Te compartimos la charla de la profesional en nuestro programa radial:

Lara Levyon

Psicóloga y docente Enfoque integrativo EMDR Psicoterapia Online al y presencial en Rosario @psicolaralevyon

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *