¿Cuándo pedir acompañamiento emocional durante un tratamiento de reproducción asistida?
El mito de esperar a estar desbordada
Todavía circula la idea de que el acompañamiento emocional es la última opción: cuando ya no se puede más.
Lo asociamos, sin querer, a una señal de debilidad —tengo que poder sola, tengo que aguantar—. Pero en mi experiencia es exactamente al revés. Poder pedir ayuda antes de llegar a la crisis es señal de salud, no de fragilidad.
En reproducción asistida se habla mucho de médicos, de porcentajes, de estudios: todo el proceso está, con razón, muy medicalizado. Lo que propongo es correr también el foco hacia otra pregunta, igual de importante: ¿cómo se está sintiendo esta persona en el medio de todo esto? ¿Cómo están sus vínculos? ¿Cómo está su vida, en general?
La incertidumbre que no se puede controlar
Si hay algo que aparece de forma constante en estos procesos es la incertidumbre. Podemos controlar la medicación, los horarios y las consultas. Pero cuando lo que está en juego es tan importante en la vida de una persona, es muy difícil no sentir ansiedad frente al deseo de poder cumplirlo.
Pueden aparecer pensamientos contradictorios: una persona puede tener esperanza y miedo al mismo tiempo. Puede querer continuar un tratamiento y estar profundamente cansada. Puede sentirse agradecida por tener una posibilidad y, a la vez, estar enojada porque tiene que atravesarla.
El acompañamiento emocional permite darle lugar a esa complejidad. No se trata de eliminar emociones, sino de poder transitarlas. Validar el mal día, sin caer en el positivismo tóxico
Está comprobado que el estrés y la ansiedad influyen en un tratamiento, pero nadie puede afirmar que un tratamiento no funcionó “porque estabas ansiosa”. Sostener esa idea solo agrega culpa a algo que ya de por sí es difícil.
Por eso soy partidaria de un equilibrio: está bien si un día estoy “bajón”, sin ganas de forzar nada. Lo valido, hoy me lo permito. Lo que no funciona es instalarse ahí de forma permanente, ni tampoco exigirse estar “positiva” todo el tiempo. Ese famoso positivismo tóxico —ponele pila, mirá el lado bueno— termina siendo, muchas veces, otra forma de autoexigencia.
Señales para empezar a prestar atención
No hace falta llegar al límite para pedir un espacio. Hay distintas señales y no necesariamente tienen que aparecer todas. Una muy frecuente es sentir que el tratamiento ocupa gran parte de los pensamientos: levantarse pensando en una fecha, un estudio, un síntoma o un resultado.
También pueden aparecer dificultad para dormir, ansiedad antes de los controles, irritabilidad, tristeza, ganas de aislarse, dificultad para concentrarse, dejar actividades que antes se disfrutaban o sentir que la vida quedó suspendida hasta saber qué va a pasar.
Y hay otra señal frecuente: empezar a sentir que todo depende del próximo resultado. “Cuando tenga la beta voy a estar tranquila”, “cuando tenga embriones voy a estar tranquila”, “cuando pase la ecografía voy a estar tranquila”. Después aparece una nueva instancia de incertidumbre.
El acompañamiento puede ayudar a transitar el proceso sin que toda la vida quede organizada alrededor del próximo resultado.
Un espacio que acompaña, no que juzga
El acompañamiento psicológico en reproducción asistida no busca decirte qué hacer, y mucho menos juzgarte. Busca dar lugar a algo que es fuerte, y que necesita ser puesto en palabras. Idealmente, ese espacio no debería empezar en medio de una crisis. Por eso insisto tanto en esto: no hace falta estar agotada para pedir ayuda. A veces, pedirla antes es, justamente, lo que permite transitar el proceso de otra manera.

Psicóloga especializada en Fertilidad
Coach emocional
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@lic.natalia.gogliormella

