Septiembre amarillo: la salud mental como responsabilidad social

La OMS instituyó el 10 de septiembre como día específico para trabajar sobre la prevención del suicidio. Y ahora el mes entero se pinta de amarillo en conmemoración de Mike Emme, fanático del Mustang. Tras su fallecimiento, familiares y amigos repartieron tarjetas con cintas amarillas para invitar a las personas a pedir ayuda en momentos difíciles. Esto dio origen a campañas globales de prevención.

La muerte de Mike no comenzó ese día. Ese día fue el desenlace final, pero su muerte comenzó mucho antes, aún cuando nadie lo veía triste. El suicido, las adicciones, la ansiedad, la depresión y tantos otros síntomas que vemos hoy en la sociedad, no comienzan el día que se manifiestan. Comienzan cuando la persona es aún un niño.

Desde el nacimiento y durante la niñez, la psiquis de la persona se va configurando en función del amor y los límites que recibe. También los cuidados que necesita y son suficientemente atendidos, por las figuras de apego y la validación de su identidad y emociones. Cuando los factores de riesgo en una familia superan los factores de protección, ese niño crece con una psiquis desordenada y condicionada a desarrollar algún síntoma de salud mental.

En Argentina en 2025, más de 5.000 personas murieron a causa del suicidio. Y esto sin contar quienes murieron de sobredosis o por accidentes provocados por poner su vida en riesgo en diferentes actividades que los llevaron a la muerte. Esta conducta, como las autolesiones o los trastornos de la alimentación ponen en acto el dolor profundo que la persona está sufriendo y no es capaz de poner en palabras. Y van en contra de la naturaleza misma del ser humano, donde el instinto de supervivencia es uno de los más presentes, de lo contrario, no hubiese sobrevivido en la tierra tantos milenios.

Todas estas personas sufrientes no buscan lastimarse o morir, buscan callar el dolor profundísimo que cargan en su alma y no encuentran consuelo. La sociedad de consumo y el individualismo nos están empujando a una soledad y un vacío que necesitan ser satisfechos con amor y momentos compartidos, no con cosas materiales, no con encuentros virtuales y redes sociales.

Me impacta profundamente la necesidad de hablar que tienen las personas, lo veo en el consultorio pero también en la cola del supermercado o del banco. Por eso digo que la salud mental es responsabilidad de todos.

Los profesionales que trabajamos con estas personas, tenemos la responsabilidad de capacitarnos, ser responsables, empáticos y respetuosos con ese dolor. Pero todos podemos acompañar al que sufre, abrazar al que llora, escuchar al que necesita contar una y mil veces su historia. Hoy la mayoría rehúye a escuchar los problemas ajenos porque “con todo lo que yo tengo, encima escuchar a otro…”

Es imprescindible psicoeducar a padres y adultos en general para prevenir y detectar para desterrar la violencia. Tanto como el abuso, la negligencia de las familias y las instituciones en general. Y un compromiso social donde cada persona encuentre un lugar donde sentirse acogida ante el dolor y el sufrimiento.

Te compartimos la charla de la profesional en nuestro porgrama radial:

Luciana Mazzei

Orientadora Familiar IG: @lucianamazzei.orient.familiar

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