Carolina Bertoldi, consteladora, estuvo nuevamente en Redes de Bienestar para hablar sobre la deuda inconsciente, las lealtades familiares y la posibilidad de construir una vida diferente sin dejar de honrar a quienes nos dieron la vida.
Una deuda que comienza con la vida
¿Cuántas veces hacemos algo por amor y, en el fondo, sentimos que estamos pagando una deuda?
Para Carolina Bertoldi, el tema atraviesa a todos y se origina desde el momento en que nacemos. Desde una mirada de las constelaciones familiares, se trata de una deuda inconsciente hacia nuestros padres, hacia las personas que nos dieron la vida.
La manera de devolver ese regalo es ir hacia delante: estar en el presente, ocupar el lugar de adulto, vivir desde la gratitud, desarrollar nuestra profesión y nuestra actitud frente a la vida. También, cuando tenemos hijos, devolvemos la vida que recibimos al transmitirla hacia adelante.
El amor infantil que busca salvar
Según explicó Carolina, cuando somos niños aparece un amor «arcaico, mágico e infantil» que puede llevarnos a querer salvar a nuestros padres o a nuestro sistema familiar.
Así, puede suceder que un hijo no se permita ser más feliz que su madre, por ejemplo, porque siente inconscientemente que si ella no fue feliz, él tampoco debería serlo. «¿Duele menos, mamá, que yo sea infeliz igual que vos?», surgió durante la charla. La respuesta es que no: el sufrimiento no disminuye, sino que termina siendo compartido.
Ese amor infantil puede llevar también a cargar con dolores que no nos corresponden, como si sufrir junto al otro fuera una manera de ayudarlo.
Cuando la deuda se traslada a la vida adulta
Esta deuda inconsciente puede manifestarse posteriormente en distintos ámbitos de la vida. Puede aparecer en la manera de ejercer la maternidad o la paternidad, en la dificultad para permitirse más éxito que los propios padres, o a través de sentimientos como una profunda angustia o un gran enojo que no se corresponden con el presente.
La propuesta es reconocer cuándo estamos actuando desde aquel lugar infantil y tomar conciencia de que hoy somos adultos.
Permitirnos una vida diferente
La conciencia permite comenzar a tomar otra actitud frente a la vida. Poder decir: «En honor a ellos por la vida que me han dado, me permito esta otra realidad».
No se trata de dejar de honrar a los padres, sino de comprender que cada persona tiene su propia historia, sus conflictos y su destino. «Lo de otro es de otro», señaló Carolina, y allí aparece uno de los desafíos más importantes: poder diferenciar aquello que nos pertenece de aquello que pertenece a los demás.
El amor adulto: devolver lo que no nos pertenece
En las sesiones individuales de constelaciones, explicó, se observa qué sucede cuando una persona puede reconocer al otro y devolver aquello que llevó por amor.
Ese movimiento permite quedar libre: tanto quien consulta como su sistema familiar.
Para Carolina, eso es el amor adulto. Poder devolver a las personas lo que es de ellas y quedarse únicamente con aquello que es propio.
La sensación que describe es de un gran alivio, que puede expresarse en liviandad, paz y tranquilidad. Reconocer qué nos pertenece y qué pertenece a los demás abre la posibilidad de vivir desde otro lugar, con mayor conciencia y permitiéndonos tomar nuestra propia vida.
Escuchá la charla de la profesional en nuestro programa radial:


