Entre lo que fuimos y lo que vamos contruyendo

Hay personas que ocupan un lugar especial en nuestra historia. Los abuelos son, para muchos, parte fundamental de ella. Son familia, tradición y ternura. Son encuentros alrededor de una mesa, recetas que pasan de generación en generación y costumbres que permanecen vivas gracias a sus relatos y enseñanzas.

Escuchar a nuestros abuelos contar una historia (aunque sea la misma una y otra vez) es mucho más que escuchar una anécdota. Es reconstruir parte de nuestra propia historia, conocer de dónde venimos y fortalecer nuestra identidad. La experiencia de los años les brinda una mirada particular sobre la vida y, muchas veces, el don de ofrecer los consejos más simples y más valiosos. También son cómplices de secretos, de pequeñas travesuras y de esa cuota de malcriadez que tantos nietos recordamos con una sonrisa.

Mientras escribo estas líneas no puedo dejar de pensar en mi abuela. Mi hermosa Lela. Cada paseo compartido, cada mimo, cada pijamada y cada llamada telefónica son muestras de amor que tengo el privilegio y la bendición de seguir disfrutando en mi cotidianidad. Porque los abuelos tienen esa capacidad única de hacernos sentir queridos de manera incondicional. Y así es Lela.

Diversos estudios, como el realizado por la Universidad de Oxford, han mostrado que los niños que mantienen vínculos cercanos con sus abuelos suelen experimentar mayores niveles de bienestar emocional. Su amor, su disponibilidad afectiva y la sensación de pertenencia que brindan, contribuyen al desarrollo de una autoestima saludable y a la construcción de vínculos seguros.

Pero el beneficio no es solo para los más pequeños. La relación entre abuelos y nietos se nutre en ambas direcciones. Los abuelos transmiten historias, valores y tradiciones familiares que ayudan a los niños a conocer sus raíces y construir una identidad sólida. Al mismo tiempo, los nietos les ofrecen nuevas experiencias, aprendizajes y motivos para seguir descubriendo el mundo. Es un vínculo que enriquece a ambas generaciones.

Como dice el Dr. Enrique Orschanski, «los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad”. Quienes tuvimos la fortuna de crecer cerca de nuestros abuelos tenemos huellas hechas de abrazos, historias, recetas compartidas y enseñanzas cotidianas. Huellas que nos acompañan mucho después de que termina la infancia. Y quienes no cuentan con sus abuelos cerca, muchas veces encuentran en otros adultos formas de abuelazgo que también puede elegirse, construirse, disfrutarse y nutrirse.

En un mundo que avanza cada vez más rápido, los abuelos nos recuerdan el valor de detenernos, escuchar, ir más despacio, compartir y construir recuerdos. Son, sin duda, uno de los regalos más hermosos que puede ofrecer la vida. Tal vez por eso, cuando pensamos en nuestra infancia, muchas veces los encontramos allí: en los sabores, las historias, las palabras y los abrazos que siguen acompañándonos a lo largo de la vida.

Micaela Colombo

Lic. Psicopedagogía | Docente Aprendizaje y Desarrollo Infantojuvenil Orientación Vocacional Evaluación y Tratamiento: Abordaje Neurocognitivo IG: @adin.aprendizaje

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