Vínculos en tiempos de cambio

Cada día intento dividir mi tiempo libre entre la lectura, las personas que quiero y alguna serie. Siempre me sorprende cómo las historias —aun las más livianas— dejan preguntas resonando. Esta semana terminé la segunda temporada de Machos alfa, y más allá del humor, me quedó dando vueltas una idea: en medio de tantos cambios, pareciera que seguimos necesitando vincularnos, pero ya no sabemos bien cómo hacerlo.

La serie muestra, en clave de comedia, a hombres y mujeres que ensayan nuevas formas de relación: vínculos sin compromiso, parejas abiertas, decisiones individuales que priorizan la autonomía por sobre el proyecto compartido. Sin embargo, detrás de esa libertad aparecen también la confusión, los celos y cierta insatisfacción difícil de nombrar.

En el final del último capítulo uno de los protagonistas dice: “en su afán de parecerse al hombre, la mujer perdió lo mejor de sí misma y tomó lo peor de nosotros.” Refiriéndose a la dificultad para comprometerse y madurar, la búsqueda del placer inmediato y la diversión más propias de los hombres.

No es casual

Estamos atravesando transformaciones profundas en los modos de ser varón y mujer, en la vida familiar y en la organización social. La incorporación de la mujer al ámbito laboral, su acceso a oportunidades antes vedadas y la conquista de derechos han generado cambios necesarios y valiosos. Al mismo tiempo, estos movimientos han desafiado los acuerdos tradicionales y nos obligan a repensar los roles, las expectativas y los modos de vincularnos.

Como toda crisis, este momento no es sólo un problema: es también una oportunidad. Una oportunidad para preguntarnos qué tipo de vínculos queremos construir, qué lugar le damos al compromiso. También al cuidado mutuo y al proyecto compartido en un contexto que valora —y muchas veces exacerba— la autonomía individual.

Quizás el desafío no esté en elegir entre libertad o vínculo, entre realización personal o vida en común, sino en encontrar un equilibrio posible. Reconocer que la autonomía es un logro, pero que no alcanza por sí sola para sostener una vida plena. Que los vínculos, lejos de ser una limitación, pueden ser el espacio donde esa libertad cobra sentido.

En tiempos donde todo parece estar en revisión, volver al eje implica algo simple y a la vez profundo: preguntarnos quiénes queremos ser y cómo queremos encontrarnos con otros. Porque, en definitiva, no se trata de no necesitar a nadie, sino de elegir vínculos que nos hagan crecer.

Luciana Mazzei

Orientadora Familiar IG: @lucianamazzei.orient.familiar

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